El problema del largo plazo

Con respecto a las sobrevaloradas visiones sobre el largo plazo, el recordado economista británico John Maynard Keynes expresaba con irónico desdén: “en el largo plazo estamos todos muertos”. La lógica común nos señala -en función de lo expresado por Lord Keynes- que ese largo plazo no debe ser muy largo. Tiene que ser finito en términos razonables, o por lo menos en función de la vida de las personas involucradas. Al respecto, mucha agua ha corrido y corre. La propia teoría de los ciclos económicos nos presenta ciclos breves, cortos, medianos, largos y hasta el secular, o sea, un ciclo que se repite cada siglo.

Desde el punto de vista de la historia pienso que es válido fijarse en el gran largo plazo. Con una perspectiva global dirigida al pasado, el largo plazo resulta práctico. Pero si intentamos escudriñar los días que vendrán, ese mismo concepto de largo plazo manejable en lo histórico puede transformarse en una utopía inalcanzable para una planeación socio-económica concreta. Es imperativo fijar límites.

¿Cuánto de plazo es largo? ¿10, 20, 50 años? Pienso que hasta 10 años (tal vez un máximo de 15) es razonable hablar de largo plazo; en función de ello cabe planificar acciones, programar cronogramas de cumplimiento, etcétera. Con la necesaria flexibilidad del caso, ese es un tiempo razonablemente largo para el manejo de factores de gestión. Más allá del decenio -o de los tres quinquenios- corremos el riesgo de realizar estimaciones equivocadas por exceso y por defecto; asimismo, valorar o devaluar sesgadamente ciertos aspectos.

Con el ojo puesto en el cambio cualitativo de una comunidad hay factores de largo aliento que deben ser preservados. Al respecto, el economista indio Ruchir Sharma considera algunos elementos aptos para validar la posibilidad de éxito. Entre ellos destaca el flujo libre de los mercados de bienes, dinero e individuos, fomentar el ahorro, hacer valer el estado de derecho, proteger los derechos de propiedad, construir buenas carreteras y mejorar la infraestructura en general. El último libro de Sharma (“Países Emergentes”, Editorial Santillana) está lleno de ejemplos en torno a la variedad de éxitos y fracasos de varios países; también menciona diversos elementos potenciales (positivos y/o negativos) de los países en vías de desarrollo, hoy llamados “emergentes” por la moda del momento. Sharma expresa que no hay una fórmula mágica para triunfar (su primer capítulo se llama justamente “El mito del largo plazo”) y reitera que factores institucionales, reglas coherentes y cambios mentales son aspectos básicos para alcanzar el crecimiento con equidad. De mi lado, manifiesto que todo esto y otras cosas más deben mantenerse constantes en el largo plazo, pero no en un plazo muy largo, salvo que uno desee cumplir con el adagio keynesiano y fallezca antes de alcanzar las metas propuestas. Eso pasó con el comunismo, por eso se derrumbó. La gente no pudo esperar más de 60 años, casi tres generaciones. El plazo fue demasiado largo, el sistema se derrumbó por falta de logros concretos capaces de satisfacer expectativas generadas por las propias promesas previas del régimen. Ese es el problema esencial del largo plazo: no debe ser muy largo.

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Publicado en Fecha: 06 de abril del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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