El eterno retorno del peronismo

El general Juan Domingo Perón nació en Lobos (provincia de Buenos Aires) el 8 de octubre de 1895 y falleció en ejercicio de su tercera presidencia el 1º de julio de 1974. Hace poco se cumplieron 39 años de su muerte. Seguramente el 2014 -al conmemorarse cuatro décadas del deceso- habrán actos alusivos en la Nación del Plata.

No pretendo ahora relatar la vida de este notable y controvertido caudillo, tan sólo intento recalcar la permanente vigencia del “Movimiento Justicialista”, partido que Perón fundó poco antes de asumir en 1946 su primera presidencia. Derrocado en 1955 por la llamada “Revolución Libertadora”, aún desde el exilio Perón continuó siendo el referente de la política argentina por muchos años. Finalmente retornó democráticamente al poder en 1973 luego del breve mandato de uno de sus colaboradores de mayor confianza en ese entonces, Héctor Cámpora.

Contra lo que muchos pensaban, el Justicialismo -más conocido simplemente como “peronismo”- no murió con su líder. Lo continuó en el poder su esposa María Estela (”Isabelita”) Martínez de Perón, derrocada por un golpe militar en marzo de 1976. Desde antes de la caída de la viuda de Perón la Argentina se encontraba asolada por facciones terroristas de derecha e izquierda. Con el llamado “proceso”, los militares iniciaron una cruel dictadura que culminó con miles de desaparecidos, crisis generalizada, repudio internacional y la desastrosa incursión a las Islas Malvinas.

Este último episodio abrió las puertas para el retorno de la democracia en 1983 con Raúl Alfonsín (+), líder de la Unión Cívica Radical, quien se impuso electoralmente al Justicialismo en una jornada histórica. Durante el gobierno de Alfonsín se mantuvo la perenne presencia -opositora esta vez- de los justicialistas, quienes reasumen el poder en 1989 con Carlos Menem. Desde entonces a la fecha, el peronismo -con sus asombrosas variantes y múltiples internas- prácticamente controla el espectro político argentino.

El viejo Movimiento gobierna hoy de las manos de Cristina Fernández de Kirchner, quien a su vez es amenazada electoralmente para los próximos comicios por otras facciones peronistas. No podemos vislumbrar con certeza si Cristina logrará sobreponerse a sus potenciales rivales o éstos predominarán, pero algo sí es seguro: el peronismo seguirá gobernando sea cual sea la interna que triunfe.

El Movimiento Justicialista ha justificado su nombre: se sigue moviendo dinámicamente en las esferas del poder y en la mente popular. Una contundente realidad nos muestra que el peronismo está aquí para quedarse como el principal aparato partidario del país hermano en el futuro cercano.

Juan Perón, el viejo caudillo líder de los descamisados en su patria y de la “Tercera Posición” -precursora del Movimiento de los no Alineados en la esfera internacional- seguramente debe seguir ostentando desde el más allá su tradicional “sonrisa peronista”. Contra muchos augurios, el peronismo generó en sí mismo -parece que lo seguirá generando- su eterno retorno a la arena política argentina.


Publicado en Fecha: 7 de julio del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise



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