El poder estructural en la política mundial

La académica inglesa SusanStrange (1923-1998) conceptualizó al poder estructural como un tipo especial de poder que define las “reglas del juego”. Quien lo ostenta es capaz de hacer aplicar –directa e indirectamente- dichas reglas en el contexto internacional de la política económica. Strange identificó dos últimos poderes estructurales, el de su nativa Gran Bretaña en el Siglo XIX y el de Estados Unidos desde la segunda mitad del Siglo XX hasta el presente.

El país hegemónico de turno ejerció su influencia en las estructuras económicas globales de la agricultura, manufactura, finanzas, comercio exterior, servicios generales, etc. Asimismo, manipulaba su poder estructural en los ámbitos militar y diplomático. El estado poseedor de la hegemonía era capaz de orientar la trayectoria de los mercados, regulaba implícitamente la economía mundial y en algunos casos hasta la vida política de los pueblos.

En el caso del Reino Unido su poder estructural se extendió a lo largo del extenso imperio británico, el que abarcó casi la cuarta parte del planeta en su máximo período de apogeo. Ese poder estructural era sentido en el resto del mundo de entonces, particularmente en el seno de las economías emergentes de la época, tales la Argentina agroexportadora y un Japón que iniciaba un proceso vertiginoso de expansión industrial, para citar sólo dos ejemplos.

La libra esterlina era el patrón monetario y aunque Inglaterra no hacia nada por sí ni lo manifestaba explícitamente mediante acciones políticas manifiestas, su poder estructural estaba ahí, era una verdadera estructura enclavada en la economía mundial. Con el paso de los años vino la declinación británica.

Salieron al frente los Estados Unidos de América con otro tipo de poder estructural, esta vez no reflejado en la posesión de colonias sino en el peso del dólar como nueva divisa internacional, en el poder duro de su capacidad bélica y en los compromisos multilaterales asumidos por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial mediante los acuerdos de Breton Woods que crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Con sus distintas variantes, ese poder estructural estadounidense permanece hasta hoy en 2013, pese a la crisis interna de EE.UU. que estalló en 2008 y aún no se resuelve plenamente. El fugaz paso de la ex Unión Soviética como potencia contestataria no pudo opacar este orden establecido de poder estructural. A lo sumo la URSS creó un poder estructural interno en lo que fue hasta 1991 el área de influencia rusa dentro de la llamada “Cortina de hierro”.

En otro contexto, amplio aunque todavía no global, podemos observar hoy en día el creciente poder estructural que Alemania ejerce sobre la Unión Europa con el manejo del euro. El poder estructural -unido al poder blando de la diplomacia y al “duro” de la amenaza del uso de la fuerza- forman en conjunto el poder total, el “Macht” de una nación hegemónica. Se han dado casos a lo largo del tiempo desde Persia, Grecia y Roma hasta nuestros días. Tal vez en el futuro surja un poder estructural chino.

La respuesta estará dada en función de las circunstancias imprevisibles de los días que vendrán, aunque todavía tendremos por un buen rato la presencia tangible del poder estructural norteamericano.


Publicado en Fecha: 26 de mayo del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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