¡ME CANSARON LAS ACTUALIZACIONES!

No en vano el veterano de Vietnam, ex candidato presidencial en 2008 y hoy senador, John McCain, increpó cordialmente hace pocas semanas en Washington D.C. al presidente de la Apple Corp. al término de unas sesiones informativas en el Congreso estadounidense. Mitad en broma, mitad en serio, McCain le dijo -al final de los temas tratados- que por favor “parara” las actualizaciones de aplicaciones (más conocidas por su sigla ”apps”) para su iPhone, ya que perdía mucho tiempo en el proceso.

Por lo menos hasta ahora, el pedido no fue cumplido. Las tales actualizaciones siguen y siguen, tanto en el sistema operativo IOS de la Apple para sus computadoras Mac, tabletas iPad e iPhones, como para los otros sistemas: el Android de Google y el Windows de Microsoft. Se ha convertido en una verdadera manía de los programadores el actualizar casi a diario, lo que obliga al sufrido consumidor a estar forzadamente alerta ante un incesante flujo de “apps”.

Yo comparto el criterio de McCain. Debería tener un ciclo –una vez al mes o cada quince días a lo máximo- el tal tema de las actualizaciones de programas cibernéticos. Nada de eso sucede, cada día, para un aparato u otro, uno debe estar dedicado a las actualizaciones.

Me cansé y sin embargo, no sé qué hacer, me imagino que a usted le pasa lo mismo amigo lector. Casi siempre las actualizaciones vienen con leyendas tales como “mejora el programa anti virus”, “fija errores previos”, “limpia el programa de elementos potencialmente corruptos o peligrosos”, etc. Así, uno cae en la redada y sigue apretando teclas o dedos para proseguir con las interminables actualizaciones.

Si no fuera por que es retroceder demasiado, a ratos tengo ganas de ir hacia atrás unas décadas para retornar al sencillo sistema MS-DOS, con el que podía llevar lo que necesitaba en un diskette y escribir donde sea. Es mucho retroceso, es verdad, pero la idea nos tienta ante tanto frenesí con las actualizaciones.

Se calcula que existen más de un millón de “apps” y puede ser que al escribir estas líneas ya nos quedemos cortos. Hasta por un tema de espacio no es posible descargar todas las apps, pues la mayoría de las tabletas y teléfonos llamados “inteligentes” del presente tienen un límite entre l6 y 64 gigabytes. Aún así, la propaganda para seguir bajando “apps” es incesante y al mismo tiempo –no podemos negarlo- interesante, por las novedades continuas que ofrece.

Dejando de lado el admirable talento de quienes crean y modifican las aplicaciones, creo que con esto se está llegando al punto insostenible de la molestia directa. Confío en que tarde o temprano los elaboradores de programas se den cuenta de lo que están provocando con el público y sean más discretos en sus lanzamientos.

Por mi lado me cansé de las actualizaciones, pero lo paradójico del caso es que sé a ciencia cierta que no tendré más remedio que seguir haciéndolas, como seguramente lo harán todos, incluidos lectores y el propio senador McCain. Estamos prisioneros de las aplicaciones en este globalizado y archi computarizado mundo del tercer milenio.


Publicado en Fecha: 30 de junio del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise



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