Latitud sin igualdad de oportunidades

Por latitud entendemos una coordenada geográfica que especifica la posición norte-sur de un punto de la superficie planetaria. La latitud junto con la longitud –paralelos y meridianos- determinan una ubicación “x”. La latitud puede ser ventajosa o problemática. Historia y recursos parecen haber favorecido a los países ubicados en la latitud norte (hemisferio septentrional) aunque también en el hemisferio austral contamos con varios países avanzados e innumerables recursos en el marco de una masa terrestre menor.

Las sociedades organizadas se agrupan en determinado territorio  haciéndolo propio y declaran su soberanía sobre él. Los estados son figuras geopolíticas inamovibles, pero los individuos que componen ese estado pueden moverse de un lugar a otro dentro y fuera de su comunidad. Si el estado como tal quiere moverse o expandirse, salvo que avance hacia espacios vacíos no reclamados, lo hará con el ánimo de ocupar territorio ajeno. Ese hecho provocará una situación de conflicto.

No en vano el gran geógrafo inglés Sir Halford John Mackinder  (1860-1947) expresó en su libro “Ideales democráticos y realidad” (1919) que las grandes guerras de la historia han sido el resultado directo o indirecto del crecimiento desigual de las naciones. Y ese crecimiento desigual  generador de rivalidades no sólo es producto de la mayor o menor capacidad de emprendimientos de una nación con respecto a otra: casi siempre es el resultado de una desequilibrada distribución de recursos y de oportunidades  debido a sus localizaciones diferentes. No hay en la naturaleza igualdad de oportunidades para los estados,  algo que en la mayoría de las sociedades  siempre se pretende generar para las personas. Si la ubicación es buena, habrá ventaja; si la ubicación es mala, resaltarán las desventajas.

Desde la antigua Germania -que los romanos nunca alcanzaron a conquistar- caído el imperio se produjeron migraciones masivas de varias tribus alemanas hacia toda Europa (inclusive hasta el África) y se crearon estados. Los antiguos bárbaros germanos terminaron siendo los herederos de Roma al mantener su legado, fundirlo con el cristianismo y difundir el conjunto en Occidente.

Con la formación de estados nacionales, la posición geográfica de los alemanes que no migraron pasó a estar en una situación tal que los obligaba a defenderse de los embates del este o avanzar hacia allí y a su vez los contenía desde el oeste el poder naciente de Francia e Inglaterra. La propia ubicación de los divididos principados germanos los hizo proclives a la tentación de conquistar o al peligro de ser conquistados. En diversas etapas históricas se dieron ambos procesos. El ejemplo señala la importancia de la latitud como problema y/o como ventaja.

Veamos brevemente el caso de Estados Unidos: entre compras y conquistas territoriales consolidó una latitud formidablemente positiva, ingentes recursos, fronteras bioceánicas y límites ante dos estados débiles. De ahí a ser superpotencia solamente era cuestión de tiempo. Otros países menos afortunados por su latitud terminaron siendo yunque del martillo de estados más poderosos. Reiteramos: la latitud –buena o desventajosa- jamás brindará igualdad de oportunidades.


Publicado en Fecha: 14 de julio del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise



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