Las ciudades superan al campo

Cuando en octubre de 2010 anuncié que estaba por llegar la hora del poder urbano no exageraba en absoluto. Datos internacionales de reconocida solvencia nos demuestran que desde 2011 el universo de las ciudades ya superó al rural en términos de población. El poder urbano es lo que vale en este 2013; el otrora temible “poder campesino” -invocado por Mao TseTung en la China y por otros revolucionarios del siglo pasado en varios otros países- pasó a ser cháchara anticuada.

En todo el orbe la gente se arremolina en centros urbanos procurando mejor educación, más trabajo y nuevas oportunidades. Más de la mitad de la población mundial vive ahora en ciudades y se estima que dos tercios lo harán en los próximos 30 años. La tendencia es contundente. Con el traslado masivo a las ciudades se generaron potencialidades pero también al unísono surgieron formidables problemas, tales como hacinamientos, marginalidades, falta de servicios básicos, deficiencias en infraestructura, contaminación ambiental y altas tasas de criminalidad.

Entre las llamadas “megalópolis” –concentraciones citadinas de muchos millones de habitantes- e innumerables ciudades de menor tamaño esparcidas en todo el planeta, el índice urbano sigue ascendiendo sin dar señales de interrupción en su acelerada marcha.

Más de 468 ciudades en el mundo ya superan el millón de habitantes. Los esquemas tradicionales de análisis político no sirven para entender al mundo del presente dominado por grandes ciudades. En ese contexto no hay balanza de poder ni bloques de alianzas, solamente se observa en forma tangible la presencia de centros urbanos con vasta influencia y que albergan a millones de seres. Este viraje geopolítico hacia nuevos centros de gravedad urbanos alterará el equilibrio mundial y regional en forma impensable, redefiniendo inclusive en los años que vendrán las estructuras internas de varios estados nacionales. El futuro será de las ciudades. De allí surgirán los avances y allí se incubarán las crisis. Hay que seguir con atención este proceso.

Conglomerados tales como Tokio, Calcuta, Shangai, México, San Pablo, Buenos Aires, Londres, Lagos, Los Ángeles, Nueva York, París, etc. ejercen un desproporcionado pero legítimo poder en sus propios países y lo seguirán ejerciendo –guste o no, desequilibrios al margen- cada vez con mayor peso propio. Algo de eso también sucederá en Bolivia con el enorme e imparable crecimiento urbano de Santa Cruz de la Sierra, hoy primer ciudad del país y futura megalópolis verdaderamente “plurinacional” por la constante migración del interior.

Las ciudades marcarán el rumbo, ya lo están haciendo. Reitero: ahora hay que hablar del “poder urbano” y de cómo conseguir atraparlo para ejercerlo con efectividad. El poder campesino quedó en la historia.


Publicado en Fecha:
17 de febrero del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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