El freno chino y sus consecuencias

desaceleración de la economía china está reflejada en las últimas estadísticas divulgadas por analistas especializados. El año pasado China creció 7,8% y este 2013 apunta a un 8,6%, cifras altas de por sí, pero muy por debajo del pico de 2007 (14,2%). Recordemos que el Producto Interno Bruto (PIB) de la China tuvo un promedio anual de aumento de casi el 10% a lo largo de muchos años.

Por el gigantismo de la segunda economía del orbe, aunque se trate de bajas moderadas en su tasa de crecimiento, las repercusiones resultan muy fuertes desde un punto de vista cuantitativo. Estas son malas noticias para los estados exportadores de materias primas. Si la economía china sigue enfriándose, su voraz demanda por alimentos y recursos naturales también descenderá y con neto perjuicio para aquellos países que han pasado a depender para sus ventas externas del gran dragón del oriente.

La buena noticia viene del otro lado del mundo, desde donde se anuncia que Estados Unidos, todavía la primer economía del planeta, insinúa una lenta recuperación de la situación que lo golpeó en 2008 con la crisis de las hipotecas y que trajo consigo una fuerte recesión que se ha prolongado a lo largo de cuatro largos años.

Si a su vez algunos países de la Unión Europea -en los próximos meses- logran reciclar sus economías una vez hechos los ajustes correspondientes, tal vez la falta de demanda china se compense con fuertes pedidos de estas regiones en proceso de recuperación.

Aún si así fuera, el tema chino en sí amerita atención y cautela en el ámbito de las naciones emergentes. Es por eso que muchas de ellas han aprovechado estos años de “boom” para lograr cambios cualitativos capaces de corregir o mitigar potenciales desequilibrios futuros. No basta con tener “blindaje” monetario y de reservas. La verdad es que el mejor blindado protector es el de una economía diversificada, con claras reglas del juego, adecuados incentivos para las inversiones y constante generación de empleos.
Todo lo demás se opaca frente a esta sana realidad de auténtico cambio estructural.

No se sabe aún en estas primeros meses de un nuevo año si China logrará revertir la ya insinuada tendencia a la baja o si esta proseguirá su rumbo descendente. Lo cierto es que el protagonismo de Beijing en la escena global generará situaciones de diverso tipo en los meses que vendrán, sobre todo en el ámbito del comercio mundial. Frente a este panorama habrá que estar muy atentos, tanto en el caso boliviano como en el de otros países que todavía no han logrado verdaderas modificaciones de su estructura productiva interna ni de sus exportaciones, centradas éstas últimas en unos pocos productos sin mucho valor agregado.


Publicado en Fecha: 10 de febrero del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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