ESTADO-NACIÓN Y PARTICULARISMOS

Samuel Huntington (1927-2008) consideraba que la nación-estado era un fenómeno excepcional y reciente en la historia de la humanidad. La población de Europa Occidental fue adquiriendo gradualmente los rudimentos de una identidad nacional, definida principalmente en sus comienzos en torno a las creencias religiosas.

El concepto de nación –una comunidad étnica o cultural– se vinculó con el de estado –una organización puramente política– aunque ni la lógica ni la experiencia nos dan razón alguna para pensar que deben coincidir las fuentes de identidad y autoridad. Huntington afirmó que si bien la nación-estado ha sido la institución predominante del mundo moderno, contemporáneamente estaba en franca decadencia. A lo largo y ancho del globo los pueblos se encuentran en un momento en el que cuestionan lo que tienen en común. La modernización, el desarrollo económico, la urbanización y la globalización han originado una disminución de las señas de identidad.

En la actualidad, las personas se identifican con quienes se les parecen más, con aquellos que hablan su mismo idioma, que comparten su religión, tradiciones o historia. Muchos pueblos están reafirmando su identidad y buscando un mayor protagonismo político. Lo vemos hasta en Bolivia, ahora formal y constitucionalmente un “Estado Plurinacional”.

Vale recordar que a fines del Siglo XX la antigua Unión Soviética colapsó y se fragmentó en 15 estados independientes, Checoslovaquia también se dividió y de la ex Yugoslavia surgieron varios estados; en Bélgica se habla abiertamente de la separación entre valones y flamencos; Cataluña y el País Vasco piden su independencia; en Escocia habrá un referéndum en 1914 para ver si se separa de Gran Bretaña. En fin, la lista puede alargarse.

Cada vez hay más aspirantes a formar estados a partir de su propia cultura, lenguaje o etnia, sin contar pueblos –como el palestino y el kurdo– que desean territorio propio y soberanía. Huntington cuestionó el vínculo entre identidad y autoridad que caracteriza a la nación-estado. Afirmaba que no existe razón alguna para no considerar, además de los estados políticos, a las nacionalidades, diásporas, comunidades religiosas y a otros grupos, como protagonistas legítimos de los asuntos globales.

Sin embargo y según el propio Huntington, los estados seguirán siendo los protagonistas principales pero se han sumado otros actores: estados que han fracasado en su formación o se han fragmentado, organizaciones supranacionales, como la Unión Europea; organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y muchas organizaciones internacionales no gubernamentales.

En la política global emergente la soberanía y la autoridad del estado se están diluyendo sin que surja un sistema alternativo –quizás un gobierno mundial– capaz de llenar ese vacío. Como van las cosas, no es difícil colegir que el vacío probablemente será llenado por todos los nuevos aspirantes a tener identidad y estado propio, o tal vez tendremos un tremendo desorden internacional si el proceso no es controlado y al mismo tiempo el ideal del gobierno mundial resulta ser inalcanzable. De continuar la actual tendencia, se calcula que en 20 años más los miembros de las Naciones Unidas (51 en 1945, ahora 193) se multiplicarán.

A mayor globalización, probablemente mayores serán también las reafirmaciones de identidades propias y de particularismos.


Publicado en Fecha: 2 de junio del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

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