Empleo y factores de la producción

No es a esta altura ninguna novedad la división productiva a lo largo de los tiempos de la humanidad. Primero tuvimos grupos de cazadores nómadas y luego -en una etapa posterior de la civilización- vinieron los asentamientos de agricultores. Con el transcurso de los años a su vez llegó la era industrial y finalmente tenemos el ciclo post industrial, incluyendo éste hoy una amplia gama de servicios cibernéticos e informáticos de toda índole.  También es usual dividir esos períodos entre sector primario, secundario y terciario.

Conviene tomar en cuenta que en varias partes del globo se dan todos estos sectores al mismo tiempo. Dentro de lineamientos generales, así han evolucionado las sociedades a lo largo de la historia desde el punto de vista productivo. A mayor avance, más crecimiento post industrial y menos uso directo del trabajo manual. Para dar un solo ejemplo, las cifras de empleo agrícola de las regiones avanzadas hoy son mínimas con respecto al pasado. La mecanización del campo barrió con el trabajo tradicional. Los factores de la producción históricamente han sido el capital, el trabajo y la tierra. Lo que los economistas llaman “función de producción” es una relación entre trabajo y capital, ya que se supone constante a la tierra en el corto plazo.

 Con el tiempo se agregó otro parámetro: el progreso tecnológico, al que hoy en día se lo llama genéricamente “conocimiento”. De la combinación de los factores básicos de la producción se obtienen diversos bienes o productos, los que serán catalogados como de tendencia trabajo-intensivo (más uso de mano de obra) o capital-intensivo (menos uso de mano de obra) según hacia donde se incline la preponderancia de uno de esos factores de la producción. Lo lógico para los países en vías de desarrollo sería el procurar siempre lo primero (dotación de naturaleza trabajo-intensivo) a fin de crear o mantener empleos y expandir al máximo los beneficios colectivos de la producción.

Lamentablemente para las naciones menos adelantadas, todo lo concerniente al progreso de las bases productivas se genera en los países desarrollados, donde el factor trabajo es caro o escasea. Por tanto, casi sin excepción, las nuevas técnicas productivas recurren al uso masivo de capital y reducen el componente laboral. Esto es bueno para los países avanzados que tienen abundante capital y quieren ahorrar trabajo, pero resulta nefasto para quienes nos encontramos del otro lado, con poco capital y mucho desempleo. El conocido espectáculo de robots en las líneas de montaje de la industria automotriz resulta ser prueba suficiente de lo aseverado en torno al poco uso del empleo humano en las nuevas fases de la producción moderna.

 Eso tal vez es excelente para la productividad y para las economías de escala, pero no es lo ideal para un país subdesarrollado, el que debe intentar maximizar sus factores de la producción con énfasis en la absorción social de mano de obra y no en el ahorro de ésta. Dado que los patrones actuales de la tecnología de punta siguen y seguirán incentivando técnicas productivas con el uso intensivo de capital, se deduce que la infructuosa búsqueda de nuevas fuentes de empleo continuará acechando a los estados que procuran un desarrollo integral. Actualmente no le encuentro solución al problema, salvo que se procure con inteligencia el uso masivo del factor trabajo en al menos algunos sectores de la construcción y de la agricultura. Por ahora, el capital manda. Así están las cosas.


Publicado en Fecha: 24 de marzo del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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