Entre el crisantemo, el dragón y el elefante

El Japón, Nipón o Imperio del Sol Naciente, es un país insular del extremo oriente regido por una monarquía que se remonta al año 660 A.C., la más antigua del globo terráqueo. El crisantemo es el símbolo del emperador y representa al estado. Desde 1868 Japón se abrió al exterior e ingresó en una etapa de rápida industrialización que lo transformó en potencia regional. Tras la derrota nipona de 1945 ante EE.UU. se preservó al emperador pero se limitaron sus poderes: se instauró una democracia parlamentaria.

En poco tiempo Japón superó las horribles heridas bélicas y se transformó en una de las superpotencias económicas del planeta. Alejado ya del militarismo, Japón también dejó de lado todo tipo de ambición hegemónica del pasado, cuando retuvo para sí grandes partes de China, ocupó Corea y hasta derrotó a Rusia en 1905. Ante los temores producidos por el avance nuclear de Corea del Norte, se vuelve a hablar ahora en Japón de un proceso de remilitarización para no depender tanto –además- de la protección naval norteamericana.

China está de moda, pisa hoy con fuerza. Su gran extensión territorial (9.707.000 km2) y sus 1.350 millones de habitantes le otorgan a nivel mundial un peso específico propio. Agreguemos a ello su vertiginoso crecimiento de los últimos años, fruto de las exitosas reformas económicas del autocrático régimen comunista que aún gobierna al dragón del oriente. China quiere ser potencia global, todos los pronósticos dan por segura esa condición, pese a que aún tiene muchos problemas internos por resolver.

India no tiene tanto territorio como China, pero sus 3.287.263 km2 y 1.200 millones de almas la convierten en digno adversario. Considerada la mayor democracia del mundo, India avanza ahora raudamente al paso de su emblemático elefante. También subsisten muchos temas a solucionar, entre ellos la extrema pobreza, pero su crecimiento es vertiginoso. El crisantemo empalidece territorialmente -ídem en términos de gente- frente a esos dos colosos emergentes. Cuenta con apenas 377.904 km2 y 127 millones de habitantes. Pero debe tenerse en cuenta que el índice de desarrollo humano nipón, el ingreso per cápita y su nivel de desarrollo integral, resultan ser muy superiores a los similares chino e indio.

Ahí Japón compensa con creces su inferioridad en gente y superficie. El dragón y el elefante nunca se han llevado bien. La rivalidad sino-india viene de siglos. Actualmente se acicatea con ingredientes geopolíticos y geoeconómicos en los escenarios vinculados al Pacífico, al Océano Índico y al Mar de la China. El tiempo dirá si estas pugnas se siguen manejando con prudencia o en algún momento habrá violencia, pero es un hecho que India y China -en los mares y en los pequeños países vecinos de sus respectivas periferias- mantienen un rudo conflicto de intereses de larga data.

En lo que hace al Japón, éste observa mientras hace sus propios cálculos. Otrora desdeñoso de pueblos considerados “inferiores” (léase chinos y coreanos) y sin querer reconstituir añejas áreas de influencia, Japón pretende contener –más allá de sus propias crisis- a sus potenciales rivales en el extremo oriente. Creo que al unísono asumirá posiciones defensivas en lo estratégico pero agresivas en lo comercial, con visión más geoeconómica que geopolítica y esto, por encima de un inminente armamentismo nipón que ya despierta inquietudes en Beijing. El crisantemo, el dragón y el elefante, dominan el escenario asiático.


Publicado en Fecha: 17 de marzo del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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