Correo electrónico y las cartas del pasado

Con motivo de una reciente mudanza tuve que hacer lo que todos hacemos de vez en cuando pero siempre lo retrasamos al máximo posible. Me refiero a la "policía" de papeles, o sea, el tener que deshacernos de cartas, documentos y otro papelerío que por "x" o "b" ya no precisamos, para así maximizar el espacio disponible en el nuevo lugar. No sé si le pasa lo mismo a usted amigo lector, pero yo cada vez que debo hacer la mentada "policía" sufro, pues soy papelero por definición. Pero ni modo, hay que hacer espacio y deshacerse de lo antiguo o inservible.

Estando en ese proceso de “limpieza”, me puse a mirar archivos con viejas cartas de amigos, familiares y conocidos. Me impresionó ver nombres ya olvidados y también nombres presentes y muy queridos. Asimismo, recordé con nostalgia las cartas que a su vez yo enviaba.

¡Ah! pero todo eso ha cambiado en estos últimos tiempos. Ahora la mayoría de las cartas son parte de un tiempo que se fue. Hoy en día todo se hace diferente: el correo electrónico se impuso. Desde los chicos que estudian en el exterior y mandan mensajes a sus padres hasta las viejas amistades con las que uno normalmente se carteaba, ahora apelan al "chateo" (conversación por computadoras), al "e-mail" o a los mensajes de texto vía celulares. Son muy pocos los que hoy van al correo tradicional con la carta en el bolsillo, listos para sacar la lengua y pegar en el sobre la estampilla de envío.

El progreso es innegable y sus ventajas también. Por e-mail se pueden enviar mensajes, planos, fotos y documentos de toda naturaleza en forma prácticamente instantánea; no más la ligera nerviosidad –que duraba por lo menos unas dos semanas– de esperar el "acuse de recibo" mediante carta de respuesta o la prueba oficial de entrega del despacho por "certificado". Ahora la propia computadora nos anuncia que el mensaje fue recibido e inclusive nos avisa si ha sido leído o desechado.

Para terminar estas reflexiones, les cuento que aunque me vi obligado a botar muchas cartas viejas, he decidido guardar algunas, sobre todo aquellas intercambiadas con los seres más queridos del pasado y del presente. Esas viejas cartas serán para mi la memoria escrita de un período, superado tal vez, pero que siempre añoraré, sobre todo ahora que vivimos en medio de una parafernalia tecnológica que nos ofrece múltiples opciones y diversidades, pero sin calor humano.

La vieja carta, sea manuscrita o a máquina, es ya cosa del pasado. Guste o no, el correo electrónico ganó de lejos la partida; ahora penetra con sus variantes cibernéticas en todas las clases y estamentos sociales. Así están las cosas.

Será hasta el próximo domingo, primero de un año nuevo 2014 que ya asoma incontenible en el horizonte.

----------0000----------

 


Publicado en Fecha: 29 de diciembre del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira