Madura la escasez en Venezuela

Según varios cables de agencias noticiosas, el vicepresidente de Venezuela, Jorge Arreaza, anunció la semana pasada la ocupación -mediante intervención militar- de una empresa manufacturera de papel higiénico para verificar su fabricación y distribución, en un intento de garantizar el abastecimiento de un producto cuya falta genera duras críticas a la política económica del gobierno bolivariano. "La ocupación temporal de Manufactura de Papel (Manpa) busca verificar el proceso de producción, comercialización y distribución del rubro de papel higiénico ", manifestó Arreaza, sin precisar el tiempo que durará el proceso. Arreaza aseguró que la decisión fue tomada por el "Órgano superior para la defensa de la economía popular". A todo esto y más allá de la noticia, la inflación venezolana ya supera el 32% en lo que va de 2013 mientras el llamado “índice de escasez” ha llegado al 20%, siendo tal escasez notoria en el caso de servilletas y papel higiénico como también en otros artículos de primera necesidad tales como carne, harina, azúcar, café, etc.. A la falta de alimentos básicos hay que agregarle los cortes de energía eléctrica y la alarmante inseguridad, fenómeno que crece en forma desmesurada haciendo que los ciudadanos anden con miedo por las calles.

Estas manifestaciones de carencias elementales se arrastran desde las épocas del fallecido Hugo Chávez pero han madurado –valga la expresión- con Nicolás Maduro en el poder y por ahora no hay visos de solución. Aunque desde esferas oficialistas se hable reiteradamente de “sabotajes”, el problema no es tan simple ni obedece a meras teorías conspirativas. El tema que aflige a la Venezuela de hoy es fruto de medidas populistas mal orientadas, las que llevaron a estos extremos de escasez que ahora se sufren con rigor. Conozco a un médico boliviano que tiene una hija residente en el país hermano. Cada vez que él viaja desde Santa Cruz de la Sierra a Caracas para visitarla, le lleva víveres esenciales, particularmente aceite y mantequilla. Que suceda esto en un país con una de las reservas más grandes de hidrocarburos del planeta es a todas luces inconcebible. Tal cosa no ocurre en ninguno de los otros países miembros de la OPEP, donde si bien en lugar de democracias hay satrapías y dictaduras de larga data, he aquí que sus tiránicos dirigentes se preocupan constantemente de darle a sus habitantes una amplia capacidad de abastecimiento y de beneficios, justamente a fin de evitarse problemas sociales.

El tema venezolano ciertamente es digno de un análisis profundo que va mucho más allá de la simpleza de una breve columna. Pero la realidad está ahí: en medio de la riqueza petrolera se observa una creciente falta de víveres y productos esenciales, lo que asociado con crecientes índices de criminalidad e inseguridad, ciertamente no es la mejor receta para una nación que precisa desarrollarse, satisfacer necesidades populares y diversificar su economía, tan dependiente desde hace décadas del recurso energético.

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Publicado en Fecha: 29 de septiembre del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

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