Espacio, poder y tiempo

En esta época globalizada y ultra especializada, la mayoría de los estadistas de las naciones importantes están perdiendo aquello que destacó a muchos líderes del pasado: el pensamiento en grande, el pensamiento en función de historia y de continentes, no en función de cosas menudas o de terruños provincianos. En otras palabras: hoy –en la inmensa mayoría de los casos- falta visión estratégica, falta la adecuada interpretación a largo aliento de tres variables geopolíticas esenciales: espacio, poder y tiempo.

El verdadero pensamiento continental razona simultáneamente en función de esos tres elementos básicos. El espacio fija el lugar de cooperación o de conflicto, el tiempo señala las pautas a hacer (o que dejaron de hacerse) y el poder trae consigo la capacidad de modificar la conducta de otros, la posibilidad de imponer la propia voluntad sobre el contrario. Esas tres variables –espacio, tiempo y poder- le dan su dinámica a la geopolítica, diferenciándola del concepto jurídico del estado. El que se maneje con visión de águila -agregando el funcionamiento coherente de las tres variables- tendrá siempre ventajas o, por lo menos, minimizará riesgos si su debilidad le impide ir más allá de sus fuerzas. El que haga y decida bien, aún siendo pequeño, no caerá en la bolsa de los derrotados.

El centro de gravedad planetario se ha ido trasladando espacialmente en el tiempo en función de las condiciones globales del poder. Así tenemos a un Gengis Khan, a un Napoleón, a una pequeña isla (Gran Bretaña) que con su flota conquistó la cuarta parte del globo, a un delirante Hitler que fracasó en su loco plan de conquista y desde 1945 a los Estados Unidos de Norteamérica.

Jaqueado por la contestataria Unión Soviética durante casi medio siglo, Washington al final salió indemne de la Guerra Fría mientras su adversario se deshizo en 15 países separados al fracasar el sistema comunista. A Rusia le quedó solamente la sombra de la ex superpotencia pretérita, pero la dirigencia de Moscú aún conserva la visión de espacio y tiempo, pese a la disminución de su poder duro. Se habla mucho ahora del ascenso de los emergentes en función de pautas probables de futura dominación. Brasil e India juntos son menos del 10% de la economía mundial, eso basta para descartarlos; el único emergente capaz de desafiar a futuro la larga predominancia estadounidense es China. La Europa de los antiguos pioneros emprendimientos cayó estrepitosamente por la miopía de sus dirigentes y no aspira hoy a nada, ni siquiera toma decisiones trascendentales en su propio espacio, tal como se vio en la década de los 90 del siglo pasado durante el conflicto de los Balcanes. Francia interviene sólo cuando hay interés directo o se trata de una de sus ex colonias africanas. Del león británico ya no quedan ni garras ni colmillos y Alemania se conforma con su fuerte economía, hace rato que perdió por completo la triple dimensión tiempo, espacio, poder. La dura lógica del espacio obliga a que los pueblos transiten diversos caminos y opten por bifurcaciones. Las decisiones podrán ser las correctas si siempre se consideran al unísono con el transcurso del tiempo y el uso inteligente del poder.

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Publicado en Fecha: 22 de septiembre del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

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