UNIÓN EUROPEA SÍ, EURO NO

A raíz de los inconvenientes que viene arrastrando el euro en el viejo continente -agravado el panorama por la crisis griega, los previos rescates de Irlanda y Portugal  más el problema español y el fantasma de una réplica en Italia-, diversos agoreros hablaron y siguen hablando acerca del “derrumbe europeo” y del “final” del proceso integrador continental, iniciado éste allá por 1958 con la creación de la Comunidad del Carbón y del Acero sobre la base de la sabia reconciliación en ese entonces de los otrora enemigos Francia y Alemania. Desde mi modesta perspectiva, esto no es así. Una cosa es el bien trabajado proceso que llevó a la Unión Europea al sitial en que se encuentra; otra cosa muy distinta  resultó ser  ( y resulta) el  complicado problema monetario.

Lo del euro fue un gran error. En aras de un  optimismo exagerado se procuró una unidad  formal sobre la base de una moneda común cuyo funcionamiento a largo plazo era inviable entre economías disímiles sin contar con una sola soberanía con capacidad única de decisión. Dentro de cualquier país también hay regiones de distinto nivel de desarrollo, pero ese “x” país –por ser una sola unidad política soberana- puede determinar criterios, fijar objetivos y tomar decisiones que de ninguna manera las pudo tomar nunca (ni las tomará) el llamado Banco Central Europeo.

Hace falta la presencia de un estado fuerte, unitario o federal, pero fuerte y único, para imponer políticas monetarias y mantener equilibrios  adecuados entre sus diversas regiones. En Estados Unidos, por ejemplo, California tiene una economía más avanzada que Arkansas, pero el dólar rige sin problemas en ambos estados de la unión. Si esos dos mismos estados fueran naciones europeas independientes, el conflicto con el euro saltaría a la luz en forma casi inmediata una vez pasada la  primer euforia de la moneda común. Eso sucedió en Europa luego de diez años. Lo que viene, será aún peor y no hay que llamarse a engaño por el reciente triunfo electoral en Atenas de los pro europeos. El ideal de una Europa unida es loable e indiscutido y el proceso debe continuar, pero el tema de la moneda única sí es conflictivo, por su propia naturaleza puede terminar socavando las sólidas bases que se han venido construyendo  durante más de medio siglo en pos del sueño europeo de una unión finalmente política.

Está visto que la unión monetaria debería  haber venido luego de la unión política pero bajo un solo gobierno soberano y por eso ha sido un fracaso. Si aún no lo es, será cuestión de poco tiempo más. En todo caso, el legítimo sueño de la unión de la vieja Europa sí es posible. Debe seguírselo trabajando con empeño, pero desterrando el yugo del euro para evitarse mayores problemas. Hay y habrá otras maneras de promover balances adecuados entre las economías europeas sin el escollo de una peligrosa camisa de fuerza que funcionó para algunos pero resultó desastrosa para otros.

Tampoco se puede discriminar -como se ha venido rumoreando- entre una especie de “euro del norte” para Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y otros países fuertes en su economía, frente a un “euro del sur”  para economías más débiles como las de Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda. El remedio sería aún peor que la enfermedad. Mejor es deshacerse del euro de la forma menos complicada posible y punto. Un fracaso a lo largo del camino no tiene por qué poner en riesgo los esfuerzos integracionistas europeos, gran parte de ellos exitosos, de largo alcance y con positivo futuro.

Europa unida sí, euro no, debería ser de aquí en adelante el grito de los nuevos indignados.


Publicado en fecha: 29 de junio de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

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