EL RECURRENTE E IMPORTANTE TEMA DEL AGUA

Se dice que el escritor estadounidense Mark Twain solía repetir que "el whisky es para tomarlo y el agua para pelearse".  Más allá de la ironía, el simple hecho de que hoy en día se hable abiertamente de la posibilidad de guerras por el recurso hídrico, le da cierta profundidad a la picaresca expresión  de Twain. El pasado 22 de marzo -día mundial del agua- pasó casi desapercibido en nuestro país,  pese a ostentar desde hace tiempo una cartera  de Estado dedicada al líquido elemento.

Como ya lo he expresado en anteriores oportunidades, salvo algunas zonas desérticas, en Sudamérica el problema del agua no es su escasez sino su mala administración. Nuestra región tiene agua en abundancia mediante el “stock” de glaciares, cuencas hidrográficas, lagos y deshielos y  también a través del flujo de abundantes precipitaciones pluviales. Si no hay agua  en “x” lugar, casi siempre ello es consecuencia de no haber tomado las medidas del caso, no necesariamente por escasez. Lo que sí falta dramáticamente es un adecuado manejo del agua.

Según estadísticas confiables, la mayor parte del agua que se consume en el mundo se utiliza en la agricultura y sólo el 9 o 10% en necesidades domésticas.  En contraste con la abundancia de agua sudamericana (20% del total mundial) hay áreas del globo con enorme población y pocos recursos hídricos, especialmente en el Sahara y la franja que recorre Marruecos Oriente Medio, Irak, Irán, Afganistán, India, China.

Asimismo, en nuestra propia región continental la falta de alcantarillado, de servicios de desagüe y de agua potable es alarmante. Tal carencia genera innumerables problemas de higiene, salud, etc. Todo ello nos lleva siempre a lo mismo: más allá de una estrategia mundial sobre el agua, es importante que los países sudamericanos se esfuercen en disponer de sistemas ordenados  y eficientes en materia de administración de este precioso recurso a fin de que no falte  agua en ningún lugar  y tampoco exceda -en su presencia negativa- mediante inundaciones y lluvias sin control.  Hay que desarrollar instituciones, leyes, organizaciones y grupos de personas capaces de manejar los recursos hídricos, tal como sentencian los expertos desde hace rato, pero sin encontrar demasiado eco.

El cambio climático alterará la oferta planetaria de agua dulce, aunque todavía no se sabe con precisión en qué magnitud. Recordemos que solamente el 3% del agua en el globo es apta para el consumo, agricultura e industrias. El resto es agua salada proveniente de mares y océanos.

Aquellos países que sepan administrar bien el agua contarán en el futuro con innegables ventajas, tanto desde el punto de vista de la satisfacción de necesidades socio-económicas como también en lo referente a la producción de alimentos. El que produce lo que come y  es capaz de vender el resto a terceros, tiene un poder  intrínseco que se irá acrecentando en los años que vendrán. La soberanía alimentaria y  la  gravitante influencia del productor de alimentos sobre el que no los produce, estarán siempre ligadas al uso inteligente del agua.

No basta con reiterar que el agua es un derecho humano básico. Hay que transformar esto en realidad concreta para beneficio de los pueblos en función de su crecimiento económico y de su progreso en general. Disponer de  agua pero sin buena administración, es  hoy en día un grave factor de riesgo interno y hasta  de riesgo geopolítico en lo externo. El agua es vital. Habrá siempre alguien dispuesto a luchar por conseguirla.


Publicado en fecha: 6 de abril de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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