EL FUTURO, SIEMPRE EL FUTURO

El político británico Sir Winston Churchill (1874-1965) decía que las naciones que se estancan entre el pasado y el presente pierden el futuro. El pensamiento es válido inclusive a nivel individual. Muchas personas se enredan estérilmente entre lo que les pasó y lo que les acontece y pierden su capacidad de perspectiva.

Lo mismo sucede con países que entre lo de hoy y lo de ayer olvidan el mañana, junto con lo que hay que hacer para que un futuro deseado se plasme en realidad concreta. Casi todos vivimos en función del certero razonamiento de Churchill y con los resultados negativos consiguientes: falta de visión para pensar el mañana por que nos ahogamos entre el momento actual y lo que pasó antes. No se trata de "borrón y cuenta nueva", pues en algunos casos es imperativo otear el pasado para planificar el futuro.

Se trata más bien de hacer un balance adecuado y no derrochar energías si queremos que a nivel individual y como país seamos capaces de tomar otro rumbo, ciertamente diferente al que -con contadas excepciones- hemos tenido hasta hoy: un país con rencillas intermitentes, inestabilidades recurrentes, un país con recursos pero pobre, sin capacidad para explotarlos con sabiduría y con sentido de auténtico progreso. Cualquier ciudadano que pasa por la función pública, sea cual sea su jerarquía, es permanentemente vilipendiado o mancillado.

Se procura la destrucción y no la creación, el "todo o nada" en lugar de la composición adecuada de las cosas. El boliviano vive negativamente en el pasado, sobre todo en el campo político y con la misma negatividad vive el presente, en lucha y disgregación endémicas. No es extraño entonces que se pierda casi por completo el futuro, el porvenir, o -peor- que a ese futuro se lo tome como algo mágico, como algo que vendrá por sí solo.

Lastimosamente las cosas no suceden así, el futuro será el resultado de los esfuerzos del presente. La imagen "ideal" que se procura, lo que se quiere ser -como persona o país- debe trabajarse laboriosamente y con los pies firmemente asentados en la tierra para no caer en vanas ensoñaciones.

Para construir ese futuro, para transformar a Bolivia en una nación viable, respetada internacionalmente y con un genuino sentido de solidaridad fraterna entre bolivianos, es menester que dejemos de lado la dicotomía pasado-presente y pasemos a examinar con sano optimismo creador la configuración de condiciones para un mañana mejor.

La clase dirigente -y cada uno de nosotros por sí mismo- tiene que tratar de mirar con criterio prospectivo hacia lo que viene para no quedarse anclado en el pasado. El gran filósofo alemán Federico Nietzsche (1844-1900) que vivió su tiempo antes que el propio Churchill, decía: "Quien mira hacia atrás termina como el cangrejo, también caminando hacia atrás".

No sería raro que el inglés haya tomado este aforismo como base para su propia expresión posterior. Sin ignorar ni desdeñar las enseñanzas del pasado, miremos a los días que vendrán con su enorme posibilidad de creación y construcción. El futuro es un libro abierto que tenemos que escribirlo nosotros mismos. Y hay que escribirlo bien. Pongamos pues manos a la obra con la mente en el futuro, siempre con la mira en el porvenir.

Lo que pasó ya pasó, ya no se puede cambiar, pero lo que viene sí es posible modificarlo a nuestro favor. ¡¡Adelante!!


Publicado en fecha: 27 de julio de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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