INSTITUCIONES Y RECURSOS NATURALES

Hoy estamos en una etapa de la vida de las naciones definida por la lucha en pos de mantener, procurar o defender recursos naturales. Los países poseedores de materias primas –en particular las vinculadas con energía y alimentos- han pasado a un primer plano en  esta era de crecientes necesidades en esos campos.

Es más, el que posea espacio y recursos naturales en abundancia tendrá para sí un dominio importante del manejo mundial pero (un gran PERO) siempre que a su vez tenga estructuras institucionales adecuadas. Sin este último fundamental requisito, aunque sobre lugar para la gente y abunden riquezas, una nación podrá entrar en crisis e inclusive fallarle a su pueblo hasta en la satisfacción de mínimas necesidades.

            Diversos informes especializados afirman  que el mundo entró en la "edad de oro del gas", debido a que la oferta de ese combustible se ha ampliado  nada menos que en la astronómica suma de  186 billones de metros cúbicos con la explotación del  gas de esquisto  o “shale gas”. China, Estados Unidos y Argentina son algunas de las regiones en donde se encuentra esta nueva fuente energética abundante y barata, pero con requisitos de inversión previa cuantificados en montos considerables. La explotación del gas no convencional demanda muchísimo más dinero que la de los hidrocarburos clásicos. Por tanto, sin reglas claras que mantengan una estabilidad jurídica capaz de garantizar fuertes inversiones a largo plazo, poco o nada pasará desde el punto de vista cualitativo.

Esta es la pregunta que se hacen  actualmente algunos expertos argentinos, desolados ante la falta de garantías para las inversiones mediante marcos regulatorios aptos y estables, pese a tener  Argentina gran cantidad de yacimientos de este  nuevo tipo de gas. Triste es reconocer que lo que sucede en el país hermano no sucederá en China o en EE.UU., donde con seguridad podemos afirmar de antemano que  para ese mismo recurso habrá un conjunto de elementos que atraerán capital y promoverán inversiones.

Argentina no sólo es rica en este tipo de nueva energía, ya que su extensa heredad alberga enormes cantidades de materias primas y además siempre ha sido gran productora agropecuaria. Aún así, su rezago frente a lo que potencialmente es posible con la abundancia de recursos disponible en suelo argentino resulta innegable. Está a  la vista, las cifras comparativas no mienten. Por su lado, Bolivia perdió su oportunidad en el campo de la explotación tradicional de gas. Los datos sobre escasa inversión  y exigua producción  local tampoco mienten.

Es por eso que el desarrollo institucional está por delante de la dotación intrínseca de recursos naturales. Casos como los de Singapur o Suiza son paradigmas en ese campo.

Ambos países minúsculos, sin prácticamente nada de recursos, se las han ingeniando mediante la estabilidad de sus instituciones para asegurar inversiones en materia industrial, comercial y de servicios, generando así un alto desarrollo y una elevada cuota de ingreso per cápita para la  feliz gente que habita en esos estados. Otros países de gran dimensión y muchos recursos languidecen en medio de  crisis recurrentes por la falta de instituciones adecuadas,  Argentina y Bolivia entre ellos sin duda alguna.

Ante esta realista situación, no tenemos más remedio que  coincidir una vez más con el viejo y pionero trabajo de Lawrence Harrison, quien tiempo atrás manifestó que el subdesarrollo es un estado mental, es decir, las pautas culturales de “x” país repercuten positiva o negativamente en sus instituciones y frenan o aceleran el desarrollo, más allá de tener o no tener recursos, grandes espacios y por encima de cualquier otro tipo de prejuicio racial o social. Así estamos…


Publicado en fecha:
8 de junio de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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