REALISMO, ADAPTABILIDAD Y SOBREVIVENCIA

El realismo en  materia política resulta imprescindible. En este campo, uno de los principales elementos para ejecutar un plan de política exterior debería ser el formularse determinados interrogantes básicos y simultáneamente plantear con objetividad elementos de percepción e ilusión. Tenemos que ser capaces de saber cómo nos perciben desde el exterior y además tener el necesario sentido realista para saber si nuestras percepciones caen en el campo ilusorio o son veraces. Al mismo tiempo, deben programarse objetivos posibles y no ensoñaciones irrealizables. Toda acción política tiende en última instancia a la supervivencia de una comunidad. Se habla en términos muy vagos y generales del “bienestar general” y “de los fines últimos de una sociedad” en diversos contextos ideológicos pero lo definitivo, lo fundamental, es la supervivencia a lo largo del tiempo. 

Siguiendo al gran Karl Deutsch, tenemos sistemas políticos de naturaleza auto destructiva, sistemas no viables, sistemas viables y sistemas capaces de auto mejorar y auto desarrollarse. Los sistemas autodestructivos son aquellos que por definición tienen la tendencia a destruirse, a extinguirse aún bajo condiciones favorables. En ese contexto pueden haber fallas fundamentales de diversa naturaleza, comenzando con una mala conducción de su clase dirigente. Los sistemas no viables son aquellos que pueden eventualmente perdurar pero tienen serias posibilidades de desaparecer.

Los sistemas viables son aquellos que pueden sobrevivir pero bajo naturaleza muy limitada. El tramo final son los sistemas capaces de auto desarrollarse y auto mejorar. Estos últimos son adaptativos; élite y pueblo -al unísono con todos sus mecanismos internos- hacen que el sistema progrese, mejore, vaya cambiando, adecuándose al tiempo y a los cambios producidos. Acá, en Bolivia, siempre se habla de si el país es viable o no es viable. Creo que Bolivia es viable; el problema es preguntarnos bajo qué términos es viable, porque hoy en día hemos visto casos de verdaderos imperios que desaparecen. Como simple ejemplo, vemos que los coletazos de la desaparición del imperio soviético en 1991 siguen existiendo y seguirán por muchos años más, pese a que el coloso comunista se extinguió hace ya dos décadas.

Por otro lado, teorías aparentemente obsoletas–o que pertenecían a determinado tipo de vertientes reaccionarias– han vuelto con fuerza a demostrar su riqueza conceptual. Es el caso de la vieja geopolítica. Henry Kissinger reivindicó a la geopolítica en la década de los 70 del siglo pasado y hoy la otrora controvertida disciplina mantiene su pleno vigor. En este Siglo XXI no podríamos interpretar muchos de los problemas de la ex URSS, de Europa, Asia, África, América y el resto del mundo, sin tener como ingrediente fundamental del análisis a la vieja geopolítica. La forma en que se mira al mundo y se deciden acciones políticas sobre la base de variables manejadas en función de la relación entre poder y asentamiento geográfico resulta vital en nuestros días.

 Con respecto al nuevo auge actual de la geopolítica, mencioné hace diez años el nacimiento de una nueva geopolítica electrónica generada mediante Internet. Esta red informática ha creado un gran espacio vital virtual que une por un lado, domina por el otro y abarca dimensiones universales. Aún no podemos calcular cuáles serán sus consecuencias postreras en los días que vendrán, pero su importancia actual es innegable.

En este duro ámbito del tercer milenio  en curso, los estados deben adaptarse con realismo para crecer, progresar e intentar sobrevivir. No hay espacio  posible  -ni chances a favor- para quienes miran hacia atrás y/o confeccionan quimeras.


Publicado en fecha: 9 de marzo de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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