POSICIÓN, MAPAS Y POLÍTICA EXTERIOR

            La posición geográfica es un factor decisivo para el diseño de  cualquier política exterior. La política externa de “x” país –más allá de cambios de gobierno- tiene la tendencia a retornar una y otra vez a los mismos y fundamentales alineamientos derivados de su latitud. Considérese  al respecto el razonamiento del francés Jules Cambon: "La posición geográfica de una nación es el principal factor condicionante de su política exterior, la principal razón por la cual debe tener una política exterior".

Quienes guían a sus pueblos tienen que tomar en cuenta  tanto las propiedades físicas  propias  como aquellas de la escena mundial. Dicha escena es siempre dinámica, los mapas son su forma gráfica de representación. Hoy hay mapas para todos los gustos, pero ninguno de ellos puede ser  100% exacto pese a las mejoras introducidas por la nueva tecnología. Mientras mayor sea el área mayor será  la distorsión.

Toda proyección tiene usos específicos y  debe recordarse que los mapas pueden ser traicioneros, aunque usados con criterio adecuado pueden iluminar casi cualquier situación internacional. Sin ellos, el estadista estaría tan indefenso como un navegante sin brújula. Eso sí: el mapa debe ajustarse a su cometido y quien lo usa tiene que estar consciente de su limitación.
El problema esencial de la cartografía es el representar en dos dimensiones lo tridimensional. De ahí entonces que  mientras más grande sea la imagen a representar mayor será la distorsión. El inconveniente básico de los cartógrafos ha sido siempre el control de dicha distorsión, de tal manera que una de las cuatro propiedades (distancia, dirección, forma y área) se muestre correctamente a expensas de las otras o bien, ajustándolas mediante una suerte de "balance", un equilibrio no matemáticamente exacto entre ellas. Es así como cada proyección tiene sus ventajas y desventajas, según sea su utilidad o el motivo para confeccionarla. La añeja y criticada carta tipo Mercator, por ejemplo, sigue siendo muy útil para la navegación pero distorsiona superficies y otros factores.

¿Cuál es el mejor mapa? No hay tal cosa. El mejor mapa es el más adecuado para un propósito definido. Dentro de la multiplicidad de opciones que nos brinda la cartografía, es importante  evitar el uso continuo de un solo mapa. La mente tiende a ser esclava de las formas. Líderes y estrategas pueden comenzar a pensar  erróneamente que ciertas ubicaciones geográficas son "buenas" o "malas", condicionados por lo que al fin y al cabo es una simple aproximación a lo que ellos  creen "ver" como tangible. Entre muchos ejercicios aconsejables, resulta conveniente dar vuelta el mapa, al margen de la convicción de algunos cartógrafos de que el norte debe estar siempre arriba. Eso no es correcto, el globo terráqueo no tiene un techo y un suelo; se lo puede observar y analizar de cualquier manera. Asimismo,  es aconsejable intercambiar diversos tipos de proyecciones al analizar un determinado espacio geográfico a fin  de establecer parámetros comparativos.

Los que usan mapas -en definitiva- deben guardarse de la "cartohipnosis” para no engañarse ni alucinarse, pero a los mapas hay que tenerlos siempre presentes. La propia latitud,  sumada al conocimiento del área circundante y del escenario mundial -gráficamente representados todos esos elementos por mapas- resultan esenciales para un adecuado manejo de la política exterior.


Publicado en fecha:
4 de mayo de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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