El peso del poder infraestructural

En tres ocasiones anteriores escribí sobre el tema y vale la pena hacerlo otra vez.El poder de "infraestructura" que ejerce el gobierno (nacional, regional o local) sobre los ciudadanos de una determinada comunidad es inmenso.

Ese poder sobre la infraestructura no se siente directamente, tal como sentimos el peso de una multa por pasarnos un semáforo en rojo, o vamos a la cárcel por cometer delitos u otro tipo de sanciones más o menos directas.

El poder de infraestructura lo sentimos a través de la eficiencia o ineficiencia que tiene un estado (presuntamente organizado con solvencia) para proveer servicios básicos de naturaleza pública, tales como luz, alcantarillado, limpieza, educación, seguridad, servicios básicos, etc. Con la potestad de ejercer control sobre los servicios básicos, el estado puede convertirse en el gran benefactor de la sociedad o en su gran castigador.

Como la mayoría de dichos servicios son financiados mediante contribuciones directas o impuestos, el miembro de una comunidad debe "sentir" que lo recibido es por lo menos igual a lo entregado, es decir, que hay un mecanismo compensatorio entre tarifa y servicio, entre impuestos y lo que se le brinda al ciudadano.

En el manejo de este poder de infraestructura es donde la mayoría de los países latinoamericanos en general –y Bolivia en particular– han sido muy negativos, hasta llegar a ser –en ese campo al menos- verdaderos estados fallidos. La mayoría de los caminos se caen a pedazos, las escuelas fiscales o municipales son una desgracia, los servicios públicos son deficientes o no alcanzan al grueso de la población; la luz se corta cada dos por tres, falta agua potable en muchos lugares, no hay alcantarillado en varias zonas y así sucesivamente, la lista es prácticamente interminable.

El nefasto poder de la infraestructura sobre el ciudadano de a pie se ejerce con todo rigor. Existe una indefensión general, que todos la sufrimos frente a deficiencias netas del poder infraestructural.

La realidad de un poder estatal casi totalitario en el ámbito de la infraestructura y con profundas consecuencias para el pueblo en su conjunto según la calidad (buena o mala) de ese poder, es pocas veces comentada, pese a sus alarmantes riesgos.

El poder infraestructural mal aplicado sigue vigente y preocupa. Estamos desvalidos e indefensos frente a él.


Publicado en fecha: 14 de diciembre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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