Los peligros de la obediencia

El psicólogo estadounidense Stanley Milgram (1933-1984) publicó en 1974 su libro Obediencetoauthority (“Obediencia a la autoridad”, Harpercollins). Allí resumió trabajos que ya venía efectuando desde 1963 sobre la base de experimentos vinculados con la obediencia. Su afán investigador se vio acicateado con motivo del espectacular secuestro (1960) efectuado por un comando israelí del genocida nazi Adolf Eichmann, quien vivía en un suburbio de Buenos Aires bajo el falso nombre de Ricardo Klement. Eichmann, luego de ser juzgado por crímenes contra la humanidad, fue sentenciado a muerte y ejecutado en Jerusalén (1962). Milgram trató de probar que las órdenes emitidas por una autoridad competente se pueden llegar a cumplir aunque sean aberrantes y entren en conflicto con la propia conciencia.

El investigador quedó intrigado por la manera en que un hombre de clase media aparentemente normal (como parecía serlo Eichmann) terminó siendo tenebroso partícipe efectivo del infame Holocausto. En sus experimentos, Milgram demostró que una férrea autoridad se puede imponer sobre la manera de ser de una persona de poco carácter proclive a recibir órdenes y esta obedecerá, aunque las directivas violen sus propios códigos morales.

Para los experimentos se reclutaron voluntarios, a los que se les pagaba por su participación. El psicólogo conducía sus pruebas aplicando choques eléctricos a los individuos que hacían de conejillos de Indias, lo que provocó numerosas críticas e inclusive la suspensión en algunas instituciones de sus experimentos sobre los efectos del castigo en el comportamiento y en el aprendizaje. Más del 65% de los investigados llegó a las aplicaciones máximas de voltaje permitidas en los choques eléctricos, lo que dio pautas alarmantes sobre la manera de generar obediencia mediante el estímulo de amenazantes órdenes y la posibilidad del castigo si éstas no se ejecutaban.

Como aseveró Milgram: “por lo general no es tanto la clase de persona que se es sino la situación en la que esa persona se encuentra, lo que en definitiva determina su forma de actuar”. Si su jefe le dice que usted aplique corriente eléctrica a otra persona casi con seguridad usted se negará rotundamente. Sin embargo, Milgram mostró resultados perturbadores acerca de la pauta de obediencia de un individuo “x” ante presiones o amenazas por parte de la autoridad al mando.

El experimento de Milgram ha servido para demostrar -aunque en forma no concluyente- que bajo condiciones de influencia directa de quien ostenta la autoridad y bajo la amenaza de un peligro concreto proveniente por parte de esa autoridad si no se ejecuta lo que ella ordena, personas y hasta grupos humanos son capaces de cualquier cosa cuando se encuentran bajo la presión de la necesidad inmediata de obedecer. Entre grupos militares de varias nacionalidades se han visto muchos casos parecidos al experimento Milgram sucedidos durante combates, ocupaciones o en diversas acciones punitivas.

Por otro lado, es así como se han producido tragedias colectivas a lo largo de los tiempos, con individuos, sociedades y hasta pueblos enteros que “ignoraban” lo que pasaba o eran totalmente amorales en su respuesta pasiva a las órdenes. Lo terrorífico es que eso puede volver a suceder en otro tiempo y en otro contexto.

Por eso hay que cuidarse mucho de los peligros de la obediencia y hay que saber hasta dónde llegar cuando los jefes de turno ordenan.


Publicado en fecha: 19 de octubre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira