UNA VEZ MÁS, ALGO SOBRE LA NOBLE QUINUA

Desde hace muchos años nuestro planeta tiene a su alcance la posibilidad de resolver sus crónicos problemas de hambruna y de desnutrición mediante un grano de alto contenido proteínico que ha sido cultivado por centurias desde las épocas precolombinas. Me refiero a la  extraordinaria quinua. Se ha comprobado que la quinua tiene un 18 por ciento de proteína de alta calidad,  es muy superior en valor alimentario a la mayoría de los otros granos cultivados. Para fines comparativos, recordemos que el trigo tiene un 11% de proteínas y el maíz tan sólo un 3,5 %. Por otro lado, la quinua puede crecer en lugares con suelos extremadamente pobres, pero donde la mala nutrición es cosa común.  La quinua resiste  hasta los más severos climas. He ahí su enorme ventaja como cultivo estratégico.

            Aunque mucho se habla actualmente de “soberanía alimentaria”, poco se hace en concreto acerca de este tema, tanto en el ámbito global como en el caso especifico de la quinua. Hoy se promueve en Bolivia -a como dé lugar- la producción de hojas de coca y de la quinua se habla sí, reitero, pero  sólo de boca para afuera, ya que  hasta el momento no existe un plan integral para estimular su producción en gran escala.

En varias ocasiones he escrito algo sobre la quinua y ahora vale la pena recordar, una vez más, que las múltiples bondades extremas de este grano bendito deberían ser incentivo concreto para que las autoridades se empapen de las enormes posibilidades que podría abrir para nuestro país la explotación racional -masiva y extensiva- de la ancestral proteína de los Incas.  Si ya hay estudios preliminares, habría que ampliarlos. Si existe predisposición favorable para una inversión extranjera, habría también  que estimularla y coadyuvar para que ella se concrete pronto.   El problema del desabastecimiento alimentario nos obliga a utilizar nuestros inmensos recursos naturales para aminorarlo. En este delicado campo, podemos  asegurar mediante la noble quinua un contenido proteico que fortalezca a la niñez boliviana -esperanza del mañana- al mismo tiempo que estamos en condiciones de estimular el consumo universal de la quinua para beneficio de toda la humanidad.

   Desde hace años se viene hablando de "reforzar" la producción triguera nacional.  Hasta el momento los hechos demuestran lo contrario. Por otra parte, se ha creado una suerte de dependencia alimentaria que llega a tener ribetes psicológicos.  El "pancito" con trigo importado termina siendo infaltable y su escasez origina descontento popular. 

A corto plazo quizá sigamos comprando trigo del exterior, pero habría que comenzar a cambiar lentamente los hábitos adquiridos de la población para que ésta consuma productos que nosotros tenemos  localmente o podemos tenerlos rápidamente en abundancia y, sobre todo, con ventajas comparativas para su explotación eficiente.  El maíz, la yuca y la quinua –por citar algunos productos básicos- crecen casi solos en la heredad boliviana. El caso de la quinua pasa a ser relevante por su alta dosis vitamínica. Con ella es posible elaborar muchos sucedáneos del pan de trigo y de mucho mayor potencial nutritivo.

Serios estudios especializados le asignan un gran potencial al viejo grano del Incario. Es más, la quinua puede llegar a ser la respuesta al drama universal del hambre y la llave está en nuestro país. No somos expertos en la materia, así que dejamos la inquietud para aquellos sectores especializados que puedan completarla.  ¡Quinua desde Bolivia para todo el mundo!


Publicado en fecha:
18 de mayo de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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