LA NÉMESIS Y LA ENVIDIA

La mitología griega menciona con asiduidad  el temor de los antiguos helenos al castigo de los dioses ejercido mediante  la "Némesis", diosa de la justicia retributiva y de la venganza. A la Némesis se la consideró irreconciliable sancionadora de todo orgullo y exceso. Como derivación lógica, en la antigua Grecia se creía que cuando alguien llegaba demasiado alto, tarde o temprano su caída sería estrepitosa. Si era muy feliz,  tenía que ser  desdichado en algún momento. Mejor era el no arriesgarse al castigo por el sentido distributivo -“karma” como se diría hoy en lenguaje “New Age”- de la temible Némesis.


El mito de la Némesis mantenía sobre el pueblo griego un importante control psicológico-social. Fungía como elemento regulador de tipo inhibitorio, pues según el criterio "retributivo", lo mejor era mantenerse en un "justo medio" y no destacar mucho para evitar soportar así –tarde o temprano e inevitablemente- una Némesis tan terrible como  la de los grandes hombres. La mediocridad pasó a ser la norma general para no caer en las garras de la Némesis.

Hoy en día,  el término Némesis se usa también como sinónimo de máxima enemistad entre rivales. Se dice “Fulano se enfrentó con Mengano, su Némesis”.
La misma mitología griega nos cuenta que algunos  intrépidos héroes desafiaron a la Némesis, pero en la generalidad de los casos el temor a las penalidades futuras propinadas por la Némesis -como contrapartida de una actuación prominente- mantenía a gran parte del pueblo en una chata armonía. Mejor era no sobresalir para no ser castigado.

Otra de las múltiples formas que adopta la Némesis contemporánea es la envidia, muchas veces hábilmente camuflada ésta mediante tendencias “igualitarias” que pretenden nivelar hacia abajo para evitar resentimientos, aunque más bien los crean en mayor cantidad. Donde penetra la mente envidiosa que se solaza macabramente con la desdicha del prójimo, también penetra el resentimiento y si se extiende el virus, la raíz misma de la sociedad se pudre; la comunidad pierde su vigor, su ansia natural de triunfar, sobresalir y de ser exitosa.

Puede darse también el caso del "ocultamiento". Dicen los antropólogos que los cazadores de varias tribus primitivas escondían sus  mejores presas para comérselas en la noche sin que nadie los vea y al abrigo del "ojo malo" de cualquier envidioso u oportunista. De la misma forma,  no es extraño percibir que muchas personas talentosas o de fortuna material tengan "temor" de mostrar sus dones o adquisiciones en el lugar en que viven a fin de evitarse potenciales calamidades, entre ellas la Némesis por envidia de quienes no poseen lo que  ellos tienen.

La envidia es un  verdadero escollo para el desarrollo y el cambio social. Sobre esto escribí varias notas hace muchos años. Talentos, capacidades y emulación creadora, son cercenados cruelmente por quienes –al no poder llegar al nivel del envidiado- procuran perjudicarlo en lugar de intentar emularlo.

El cristianismo teóricamente desterró la envidia. Recordemos la expresión de Jesús: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Por desgracia, los humanos no siempre siguen preceptos evangélicos, se auto dañan con variados vicios, no aman a terceros y para colmo, se dejan arrastrar por una de las versiones  modernas de la vieja Némesis: la ponzoñosa envidia.


Publicado en fecha: 24 de febrero de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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