Mar Ártico: nuevos apetitos geopolíticos

El calentamiento global ha venido afectando a los hielos -ya no tan eternos- del Mar Ártico desde hace varios años, motivando la legítima preocupación de la comunidad mundial. En estos días se ha comprobado que la capa congelada apenas llega a los 3,4 millones de kilómetros cuadrados, su mínimo histórico de los últimos siglos. Lo normal –antes del aumento de las temperaturas por el llamado “efecto invernadero”- superaba los ocho millones de km2.

No en vano, anticipando estas situaciones del presente, ya en septiembre de 2007 publiqué una nota advirtiendo acerca de los potenciales conflictos que podían suscitarse en esa estratégica región, donde se cuenta con enormes reservas de gas y de petróleo amén de otras materias primas. Aparte de generar rivalidades internacionales –y con ello la renovación de apetitos geopolíticos vinculados a intereses económicos- el descongelamiento está provocando una grave crisis ecológica que amenaza con transformar el panorama biogeográfico del Ártico.

Inclusive podría acelerarse la penosa extinción de algunas especies animales, entre ellas nada menos que la del majestuoso oso blanco. El Círculo Polar Ártico corresponde al paralelo de latitud 66° 33' 38" al norte del Ecuador. Su área de influencia directa incluye a Dinamarca (poseedora de Groenlandia) Rusia, Estados Unidos (por Alaska), Canadá, Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia. Ahora en 2012 hay otros actores interesados en la potencial explotación del Ártico, entre ellos Japón y China.

Las noticias internacionales señalan que China -sin territorios propios en la región polar- ahora es uno de los países más interesados en la explotación multinacional del Ártico. Los chinos argumentan que la gestión de ese espacio geográfico no puede recaer en tan pocas manos. Una posición similar han expresado Japón, Corea del Sur y hasta la propia Unión Europea. La potencial pugna geopolítica se intensifica.

El deshielo ya permite hoy la explotación de algunos recursos y abre también la zona ártica para mayores canales de navegación. El conjunto está creando susceptibilidades de todo tipo. Más allá de algunas convenciones de naturaleza no vinculantes, no existe en la actualidad un acuerdo internacional concreto con respecto al Ártico, como sí existe en el lado opuesto del Antártico, donde varios países suscribieron el Tratado de 1959 que entró en vigor el 23 de Junio de 1961. Frente al actual panorama y tal como lo manifesté en mi vieja nota de hace cinco años, reitero ahora que la firma de un Tratado Ártico resulta imperativa.

Solamente así se podrá regular la protección del medio ambiente, lograr armonía en una eventual escalada hacia la explotación de los recursos de la región e intentar conciliar al unísono las diversas pretensiones territoriales existentes sobre el lecho marino, pretensiones de las que Rusia es el mayor impulsor del momento.

Tal vez hasta la Convención del Mar de MontegoBay de 1982 deberá ser revisada para lograr intentar así algo de armonía entre las partes que hoy se encuentran en pugna en torno al Ártico, sobre todo por el tema -en este caso fundamental- de las 200 millas de zona económica exclusiva. El Ártico seguirá dando que hablar y será objeto de comentarios u opiniones, de eso no cabe duda alguna.


Publicado en fecha: 5 de octubre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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