Los alimentos seguirán siendo poder

Se ha vuelto a insistir últimamente en aspectos vinculados con la seguridad y soberanía alimentarias. Me parece bien, eso va en función de lo que ya escribí en varias ocasiones, particularmente en mi nota “El alimento como fuente de poder” (13 de mayo 2011) de la que reproduciré algunas partes aún actuales. A fines de julio 2012 el tema sigue sobre el tapete. Poco se hizo -o se hace- en concreto para que Bolivia asegure soberanía alimentaria futura en paralelo con exportación de excedentes.

El Paraguay –de menor tamaño- genera mucho más que Bolivia: su producción agropecuaria serviría de sostén para 60 millones de personas, la población del país vecino multiplicada por diez. En el caso boliviano, falta auto abastecerse de trigo y no creo que se llegue a duplicar la producción “plurinacional” en términos de asegurar alimentación ni para el doble de la población (20 millones de habitantes) pese a la superioridad de recursos con respecto al Paraguay. Indicadores confiables señalan que la demanda internacional de alimentos seguirá incontenible durante los próximos años.

Es apuesta matemática positiva el incrementar la producción agropecuaria; habrá mercado para todo lo que pueda transformarse en comida. Reitero lo que expresé anteriormente: el alimento siempre ha sido usado como fuente de poder, quien tiene el control de la alimentación domina al resto. Mientras un pueblo coma bien y se auto abastezca, ese pueblo nunca será débil, nunca tendrá niños raquíticos o con retardo mental por falta de nutrientes. En Bolivia esta elemental verdad no se la entiende y si bien se manipula demagógicamente el tema de la seguridad alimentaria, en paralelo se hizo toda clase de intentos para romperle el espinazo al sector agropecuario cruceño, que es en sí una gran fuente productora de alimentos.

Ahora que el mundo tiene urgentes necesidades alimentarias, la administración se pone nerviosa e intenta articular tardíamente diversas formulaciones, las que habrá que ver si funcionan en la realidad concreta. Está bien estimular las finanzas del micro crédito y la micro producción para que de una simple economía de subsistencia el mini productor pase a la venta de excedentes pero, en el corto plazo, ninguna capacidad dinámica de soberanía alimentaria se logrará con el pequeño agricultor.

Cambiar los hábitos de pequeños productores y/o formar cooperativas con ellos es bueno y a la larga resulta beneficioso, pero toma su tiempo. Mientras, el hambre y la oportunidad comercial no esperan. Para producir rápidamente más, se sabe de sobra que son las economías de escala de la producción extensiva las que sí generan excedentes masivos y aseguran comida para todos con sobrantes para exportar.

Eso –tan elemental- tampoco lo entendió en su época el dictador soviético Joseph Stalin, quien por entrar en una lucha estéril de tipo ideológico contra los “kulaks” (agricultores independientes) arruinó innumerables cosechas y generó la muerte por hambre de millones de seres durante la década de los 30 del pasado Siglo XX en la otrora feraz Ucrania, en ese entonces parte de la extinta Unión Soviética, entidad política que colapsó en 1991 como consecuencia del fracaso del comunismo. El alimento trae consigo una cuota intrínseca de poder y así será siempre. Es por eso que diversas naciones generan estructuralmente inteligentes programas especiales de estímulo a sus sectores agropecuarios. Ojalá en Bolivia se haga pronto lo mismo. ¡¡A las cosas!!


Publicado en fecha: 20 de julio de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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