Kazajstán: progreso e igualdad crecientes

Cuando volví de la Cumbre Mundial de Naciones sin Litoral (agosto-septiembre 2003, Almaty, Kazajstán) me referí a ese país -poco conocido en nuestro medio- de Asia Central.

Como corresponde con la terminación “Stan” (“tierra de”) Kazajstán es la tierra de los kazajos, una ancestral tribu nómada de origen turco asentada en esa región, independiente desde 1991 por el colapso de la Unión Soviética. Kazajstán es ahora una república ”plurinacional”. Viven allí muchos descendientes de rusos, alemanes, croatas, etcétera, mezclados con los kazajos originales. El país tiene 2.717.000 kilómetros cuadrados de extensión y 18 millones de habitantes. Kazajstán está ubicado en el medio de la gran masa terrestre euroasiática y aunque dispone del cerrado Mar Caspio, se encuentra a 3.200 km. de distancia de un mar abierto.

Es el país sin litoral más extenso del mundo. Su sede de gobierno fue trasladada en 1997 desde Almaty -la urbe con mayor población- a Astana, hoy una verdadera joya arquitectónica. Sin dármelas de profeta, escribí hace nueve años: “si la dirigencia de Kazajstán hace medianamente bien las cosas, el futuro es francamente halagüeño. En los últimos años el país ha crecido a una tasa de casi el 10% anual; todo hace presagiar que continuará ese rumbo”.

Esta nación es rica en ganadería ovina, vacuna y trigo, contando también con enormes reservas de petróleo, uranio, gas natural, carbón, hierro, cobre, bauxita, oro, cobalto y plomo. Pero lo relevante del momento es que Kazajstán reduce rápidamente sus desigualdades internas. Sobre la base del llamado Coeficiente de Gini, una medida creada por el italiano CorradoGini -donde uno representa el máximo de desigualdad y cero la igualdad total-, en menos de 20 años Kazajstán ha pasado del índice 41 al 29. Esto lo aproxima al registrado en los países escandinavos altamente desarrollados.

Para que tengamos una idea, en Bolivia el Gini nos marca 59 y en Uruguay 45. En ambos casos se nota la diferencia con este Kazajstán del 2012 que verdaderamente sorprende. Con un Producto Interno Bruto (PIB) superior a 220 mil millones de dólares, diversas políticas redistributivas internas e inversiones extranjeras en el sector energético, tuvieron enorme efecto en la reducción de la desigualdad.

Según las Naciones Unidas, Kazajstán bajó rápidamente sus niveles de pobreza, pasando del 39% de la población pobre en 1998 al 20% en 2003 y en 2012, tan sólo al 8% de la población. NursultanNazarbayev, que ocupa la presidencia de Kazajstán desde 1991, fue reelegido para un nuevo mandato de 8 años en 2011 y es la figura clave en todo esto.

Con una mezcla de paternalismo, despotismo ilustrado y “dictablanda”, Nazarbayev impulsó políticas de libre mercado para incentivar inversiones pero al mismo tiempo aplicó políticas redistributivas, subsidios para viviendas, salud y educación, como también inyectó masivas sumas en sectores rurales a fin de superar pobreza e inequidades. El mismo traslado de la capital fue un hábil ejercicio geopolítico que alteró positivamente el centro de gravedad del país para gobernar desde el interior, no desde la poblada pero alejada Almaty, muy cerca de la frontera austral con China.

Los resultados globales: mejor distribución de la riqueza, mayor igualdad, mayor prosperidad. No puedo evitar el cerrar este breve síntesis repitiendo lo que también escribí hace nueve años: “Kazajstán nos puede dar varias lecciones sobre como crecer en estabilidad manteniendo una sociedad multiétnica unida y en armonía social.”


Publicado en fecha: 3 de agosto de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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