JUANA DE ARCO EN SU SEXTO CENTENARIO

La máxima heroína francesa, Juana de Arco, nació en un día de Reyes hace 600 años, el 6 de enero de 1412. Falleció quemada por los ingleses en la hoguera el 30 de mayo de 1431 luego de ser juzgada como “hereje”.  Canonizada en 1929, Juana de Arco –campesina de familia acomodada- fue una de las figuras estelares de la Guerra de los 100 Años (1337 a 1453) que tuvo lugar entre Inglaterra y Francia durante la Edad Media. El conflicto se llevó  en paralelo con el desborde de la “peste negra”, la que agregó su cuota de sangre con millones de muertes por causa de esa terrible enfermedad.

Juana de Arco  ha sido objeto de una polémica la semana pasada entre el presidente Nicolás Sarkozy y el “Frente Nacional”  (FN), partido fundado por el dirigente ultra nacionalista Jean Marie-Le Pen. Mientras el mandatario galo –con bastante razón- opina que Juana de Arco no pertenece a nadie en particular y representa en sí la tradición francesa de libertad e independencia, el FN ha hecho de ella su símbolo. La extrema derecha ya se apropió  arbitrariamente de la imagen de Juana desde los viejos tiempos de la “Action Française” a principios del pasado siglo XX. Esta primer puja no promete ser la última en 2012, sobre todo por conmemorarse durante el año el sexto centenario de la también llamada Doncella de Orleans, prócer que no debe ser emblema particular de ninguna facción. Su esencia es nacional.

Inspirada por imágenes y voces “divinas” (verdad según algunos, según otros  fruto de su esquizofrenia), Juana reclutó un ejército popular y obtuvo resonantes victorias. Su vida ha sido llevada al cine y a la TV. Traicionada por algunos de sus propios compatriotas, tuvo en manos del enemigo el triste final que comentamos anteriormente, pero no sin antes sentar las bases del nacionalismo francés, factor decisivo en la victoria final frente al oponente del otro lado del canal.

Para no repetir temas que abundan en la red informática, lo que cabe destacar es lo expresado: Juana de Arco reavivó el sentido nacional francés frente a sus rivales  ingleses, quienes retenían  vastas tierras en suelo galo como derecho de sucesión dinástica desde la época de los normandos, que a su vez habían invadido exitosamente Inglaterra en 1066. Al final terminó Francia como vencedora, ya que los ingleses -poco después de terminada la guerra- abandonaron su último punto en el continente (Calais en La Mancha) aunque retuvieron hasta hoy las llamadas Islas del Canal. A partir de ese entonces Francia se consolidó como estado centralizado con la dinastía de la Casa de Valois al frente y se perfiló como gran potencia terrestre europea. Por su lado, los ingleses –a la cabeza de la Casa de Plantagenet, dinastía de origen franco-normando- al abandonar territorio continental se vieron obligados a consolidar su propia posición en las Islas Británicas dominando a sus vecinos inmediatos: galeses, escoceses e irlandeses.

Al mismo tiempo, a partir de la realización de su insularidad, Inglaterra comenzó el camino que con el tiempo la transformaría en la primer potencia marítima mundial. Salvo casos de intervención frente a pretensiones hegemónicas continentales, tales como la de Napoleón y luego en las dos guerras mundiales,  nunca más los británicos aspiraron a tener territorios propios en Europa. Su poder se extendió por el mundo a través de su flota naval y del imperio creado mediante esa fuerza militar con sentido comercial.

En las variadas fases de la centenaria contienda, la gesta de Juana de Arco marcó el punto de inflexión que inclinó la balanza a favor de Francia. Justo es reconocer la histórica importancia  de la mártir francesa a 600 años de su venida a este mundo.


Publicado en fecha: 13 de enero de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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