EN RECUERDO DE HERNANDO GARCÍA VESPA

En enero del 2006 tuve el honor de ser prologuista del libro “Memoria del Fuego y la Ceniza”, fruto de la fina pluma de mi buen amigo Hernando García Vespa. Hoy, ante su  reciente triste deceso y como modesto recuerdo de lo que fue y significó este hombre -que tanto aportó a su Beni natal, a su adoptiva Santa Cruz de la Sierra y a todo el país- me permitiré reproducir las partes salientes de lo escrito hace seis años, adaptando lo que corresponda al presente, lamentablemente ya sin él con nosotros.

Hernando García Vespa fue un hombre singular y especial. Desde su juventud anduvo por los caminos de la literatura, sin descuidar aquellos del deber cívico como uno de los fundadores e impulsores del Comité Pro Santa Cruz y también los recorridos –a veces ingratos- de la alta política, amén de la diplomacia y otros menesteres típicos de quien asumió la plenitud de su vida con enérgica entereza.

Tuve el privilegio de conocerlo a “Nando” muchos años atrás. He compartido con él momentos gratísimos en el Ministerio de Relaciones Exteriores cuando fue Vicecanciller. También compartimos en nuestras reuniones, las  que –desde mi retorno a la tierra natal cruceña-  fueron siempre placenteras.

El cristianismo humanista de García Vespa era un signo indeleble de su carácter,  de su personalidad, de su concepción filosófica y de mundo. Su personalidad peculiar se ha transparentado en innumerables trabajos, ensayos, notas y aforismos. Asimismo, su grandeza de alma y su fineza lo proyectan al sitial privilegiado de los  verdaderamente valiosos. Si los seres humanos somos lo que hacemos, si nos definimos mediante nuestras acciones, entonces Nando tuvo un significado especial, único y de alto sentido cualitativo.

Polifacético en su accionar social e intelectual, Nando nos deleitaba con anécdotas, con narraciones de sus innumerables viajes y  con otras tantas cosas agradables que este buen amigo recordaba  y guardaba en su prodigiosa memoria.

En  “Memoria del Fuego y la Ceniza” nos transporta a múltiples sitios, nos hace florecer interrogantes,  nos pinta paisajes en forma magistral. En particular, resaltan en la obra las narraciones que recuerdan su vida como Embajador de Bolivia en la ex Unión Soviética, en esa misteriosa Madre Rusia que todo lo tiene y todo lo pierde, en una recurrencia dialéctica que se prolonga desde las viejas épocas de la ocupación tártara del Ducado de Moscú, en el ascenso de la dinastía de los Romanoff y en las correrías del gran cosaco Yermak, conquistador de Siberia para los Zares. Prosigue en la gesta revolucionaria leninista, los Soviets y ahora concluye –tras el colapso de la URSS-, en una nueva ruptura plagada  aún hoy, en el Siglo XXI, de  numerosos interrogantes acerca del porvenir ruso. Esa alma rusa, tan difícil de entender por Occidente, Hernando García Vespa la reflejó en grado sumo. Hasta me atrevo a pensar que algo de lo  recóndito del alma eslava quedó en su personalidad, fertilizando así vivencias y recuerdos propios.

Sí, este su libro que comenté ha sido clara manifestación del reflejo de un espíritu inquieto listo para compartir con  el lector algunas de las pinceladas de su extensa trayectoria. Ahora que el doctor Hernando García Vespa se ha ido, obras como ésta -y toda su extensa creación- quedan para la posteridad. Ojalá pronto tengamos  editados sus trabajos completos. El hombre no está, su alma y sus letras permanecerán para siempre.


Publicado en fecha: 2 de marzo de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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