FRANCIA Y EUROPA CON HOLLANDE

François Hollande (58 años) derrotó por escaso margen en la segunda vuelta a Nicolás Sarkozy, quien buscaba su reelección y terminó derrotado. En Francia se toman el tiempo para todo, pero cuando se llega a las elecciones presidenciales las cosas se hacen rápido, sin etapas de transición a las que nos tienen acostumbrados otros gobiernos en el mundo. A partir de los primeros comicios y si no hay mayoría absoluta, se va al “ballotage” en 15 días y pocos días después asume  la Presidencia de la República el candidato ganador. Así de simple.

Para el  flamante presidente socialista Hollande, los problemas recién comienzan. La vieja Francia sigue siendo la quinta potencia económica mundial  y la segunda potencia europea detrás de Alemania, pero el peso global de su influencia ha disminuido, más allá del enorme legado cultural que el país galo diseminó por todo el orbe y que aún mantiene  en muchos lugares. En esta dura era de la globalización, los rangos económicos y la satisfacción de necesidades son factores decisivos. En ese campo, Francia está entrando en un punto de inflexión a partir del cual podrá desatarse una gran crisis -de consecuencias imprevisibles- o podrá salir airosa del difícil momento actual.

Todo estriba en cómo y de qué manera Hollande negociará los caminos posibles para la recuperación europea con su fuerte socio germano. La Alemania de la Canciller (Primer Ministro) Ángela Merkel ha optado por los caminos ortodoxos del ajuste. Ello puede entrar en desacuerdo  -o choque frontal- con las políticas pregonadas por los socialistas franceses durante la reciente campaña electoral.  Un camino intermedio tendrá que trabajarse arduamente entre los dos principales socios de la Unión Europea (UE), en particular tomando en cuenta el desastre griego y la critica situación que atraviesan Italia, España, Irlanda y Portugal.

Es muy difícil el momento actual. Europa se encuentra en una dramática encrucijada que puede definir el futuro de su ya controvertida moneda común (el euro) y también la de los propios países integrantes de la UE. Francia tiene un papel importante que jugar en ese contexto y éste será básico para resolver la crisis o precipitarla aún más. La capacidad persuasiva del nuevo mandatario galo se verá puesta a prueba frene a la tozuda Alemania, que por su  fuerte economía (sumando su tradición frugal y disciplinaria)  puede afrontar ajustes que serían insoportables en otros países.

El estado benefactor francés, prototipo del llamado “capitalismo protector”, se encuentra en jaque ante la posibilidad de su derrumbe. En fin, hay muchas variables en juego; será fundamental lograr un punto de acuerdo entre ajuste con disciplina y gasto con talento para evitar mayores fricciones sociales. Una descomposición francesa podría llevar al continente hacia situaciones caóticas por la magnitud del país. Una Francia estable y moderadora, podrá compensar las pretensiones hegemónicas europeas  de los alemanes, para lograr así un equilibrio  regional adecuado tanto en lo económico como en lo geopolítico.

Las perspectivas son complicadas. Talento, habilidad, firmeza y paciencia, es lo que necesitará con abundancia Hollande para enderezar rumbos asegurando políticas franco-europeas  positivas de largo aliento. Veremos lo que sucederá en los cruciales próximos meses.


Publicado en fecha:
25 de mayo de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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