Los factores básicos del crecimiento

En su libro “El nacimiento de la prosperidad” (TheBirth of Plenty, McGraw-Hill-USA), William Bernstein identifica cuatro ingredientes básicos para el crecimiento económico de las naciones.

Ellos son: 1) afirmación de los derechos de propiedad en toda su amplia gama, la certeza de no temer a las confiscaciones; 2) amplitud en materia de racionalismo científico, que nada en la sociedad opaque o disminuya la sed de investigación científica e intelectual y más bien se la estimule; (3) fomento para la creación de múltiples mercados de capitales aptos para financiar emprendimientos, alimentar sistemas productivos e ideas innovadoras; 4) la construcción de eficientes sistemas de transportes y comunicaciones para llevar y traer diversos bienes, insumos, etc.

Una adecuada combinación de estos requisitos básicos permitirá el crecimiento, la generación de riqueza, la acumulación de capital y, en definitiva, el salto cualitativo hacia el desarrollo, hacia la prosperidad. Si falta alguno de ellos, la ecuación queda floja, el crecimiento puede verse postergado, no habrá prosperidad ni riqueza. Sobresale aquí el concepto de fortaleza institucional.

Salvo el cuarto caso (infraestructura de comunicaciones y transportes) en el que se requiere masivas inversiones de naturaleza física, los otros tres requisitos son casi intangibles, su presencia -su efecto positivo o negativo- será consecuencia de aspectos institucionales que harán la diferencia entre un estado que sobresale y un estado que ingresa en la escala negativa que llevará –tarde o temprano- a convertirlo en un estado fallido, incapaz de proveer para sus ciudadanos condiciones aptas para lograr el progreso individual y la evolución colectiva, es decir, el cambio estructural en calidad de vida. Gran Bretaña fue la cuna de este proceso y no por casualidad.

Cuando el derecho inglés consuetudinario aseguró los derechos de propiedad y se estimuló la investigación científica, se inició el camino positivo. Sobre la base de una sólida seguridad jurídica se establecieron nuevos mercados de capitales. Al unísono, el estado hizo su parte construyendo una extensa red caminera y ferroviaria que facilitó el tránsito de bienes y de personas. Estaban dadas las condiciones para generar prosperidad económica. Con el tiempo otros países siguieron su ejemplo. También tuvieron excelentes resultados.

Desde las épocas de la primera revolución industrial hasta nuestros días, quienes llevaron adelante este proceso prosperaron. Los que no lo hicieron o no supieron combinar adecuadamente los cuatro factores básicos, tuvieron tumbos, ciclos negativos o, peor, en algunos casos directamente se estancaron permaneciendo en la pobreza.

Con el correr de los años, la institucionalidad se fue haciendo cada vez más fuerte en países que supieron hacer las cosas, mientras en los que no supieron hacerlas o ignoraron estas verdades básicas, las instituciones quedaron débiles o colapsaron, ya que jamás alcanzaron los grados de madurez producto de una consolidación a lo largo de varias generaciones. Hay muchas recetas para el desarrollo, pero nadie puede desconocer estas realidades que Bernstein señala tan francamente. Los resultados hablan por sí solos.

Muchos estudios contemporáneos -hoy de moda- ponderan la fortaleza de las instituciones, pero no siempre mencionan que dichas instituciones nacieron y se fortalecieron sólo cuando se presentaron combinadas, asegurando así el éxito para los que hicieron bien sus tareas y el fracaso para quienes desdeñaron o ignoraron estas reales realidades.


Publicado en fecha: 30 de noviembre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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