Extremos térmicos: de Yakutsk a Kuwait

Es interesante fijarse en aquellos sitios habitables (aptos para la vida humana) con extremos térmicos del globo terráqueo y de población superior a los 200.000 habitantes. En el lado frío de la ecuación tenemos a la ciudad siberiana de Yakutsk, con temperaturas gélidas que sobrepasan los 50 grados bajo cero en invierno.

Eso significa que por muy abrigado que uno esté, puede congelarse en breves instantes, incluyendo caída de orejas y necrosis de otras partes del cuerpo expuestas al frío o no suficientemente protegidas. Se cuenta que hasta los anteojos quedan pegados a la piel. Debe ser terrible. Sin embargo, muchas personas se ha acostumbrado a vivir bajo esas condiciones, así trabajan, se divierten, procrean. Claro que la calefacción ayuda, pero tarde o temprano, todo individuo tiene que afrontar el frío en las calles. Hay lugares más fríos en la zona ártica pero menos habitados. Yakutsk está ubicada cerca del Circulo Polar Ártico en la Siberia oriental.

El viaje en avión desde Moscú toma seis horas y no hay ferrocarril que llegue a esa ciudad. Tan sólo el río Lena es parcialmente navegable en los pocos meses de verano, cuando se descongela y permite remontarlo. La región fue conquistada por los rusos en 1.630. Por muchos años Yakutsk fue cárcel abierta para disidentes de los zares y de la era soviética, quienes eran arrestados y trasladados a ese frío lugar para que permanezcan allí como castigo por tener ideas ajenas al zarismo primero, luego al comunismo.

Lo único que tenían esos pobres exiliados en medio de tan bajas temperaturas era vodka, mucha vodka, una manera de calmar el frío embruteciéndose con el alcohol de la típica bebida eslava. Tal tiempo ya pasó. Yakutsk ahora es un centro industrial relativamente importante por la explotación de oro y diamantes. Quienes viven allí lo hacen voluntariamente o por necesidad laboral.

Cronistas que visitaron Yakutsk cuentan que la ciudad tiene cines, centros comerciales, muchos automóviles y otros lugares comunes a cualquier urbe en el mundo. La gente simplemente se acostumbró a vivir con el intenso frío. Como contraste, en el otro extremo tenemos a Kuwait.

Este rico principado -que nada en petróleo- ostenta temperaturas máximas superiores a los 48 grados centígrados sobre cero, o sea, un valor que resulta igualmente casi insoportable pero en el otro lado de la ecuación. El aire acondicionado -abundante en edificios y motorizados- mitiga los efectos de semejante canícula, permitiendo que la gente se mueva de un lado al otro sin problemas, pero tarde o temprano –al igual que en la antagónica localidad rusa- esa misma gente debe salir a la calle; ahí es donde -aunque sea por breves instantes- el calor abrasador se siente con toda su fuerza.

Adicionalmente, conviene notar que la urbe iraní de Ahvaz, capital de la provincia de Khuzestán, tiene más de un millón de habitantes y compite con Kuwait por ser la ciudad más cálida del mundo. Lo señalado hasta aquí nos demuestra cuánta suerte tenemos en esta nuestra Bolivia de no contar con esos extremos térmicos ni de un lado ni del otro de nuestra rica geografía.

Por tanto, ¡a no quejarse en el oriente por el calor cuando tengan “meros” 37 grados y tampoco quejarse del frío altiplánico cuando “apenas” soporten unos pocos grados centígrados bajo cero! Para experimentar calores o fríos de naturaleza máxima en lugares habitados por humanos, vayamos más bien de gira turística a las poblaciones mencionadas en esta breve nota.


Publicado en fecha: 9 de noviembre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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