Desde el crecimiento hasta la evolución

Según el Dr. Julio H.G. Olivera (“Trimestre Económico”, Vol. XXVI (3), No. 103, México) “Aunque ordinariamente se utilizan de modo indistinto las expresiones crecimiento, desarrollo, progreso y evolución económica, tratase en realidad de fenómenos diferentes, que deben deslindarse con la mayor precisión posible.

Proponemos, con tal objeto, el siguiente criterio de distinción: 1) crecimiento económico es la expansión del producto social como función del tiempo; 2) desarrollo económico, el aumento de la razón del producto social actual al producto social potencial, ambos como función del tiempo; a su vez el producto social potencial, puede definirse de varias maneras; 3) progreso económico, el aumento en el grado de satisfacción de las necesidades sociales; 4) evolución económica, el proceso de cambio cualitativo en la organización económica de la sociedad”. La vieja definición (1959) del gran economista argentino y reconocido profesor universitario, sigue tan válida hoy como en la época en que fue expresada. Sin embargo, vemos que hasta fines de 2012 –ya en la segunda década del tercer milenio- se siguen confundiendo los términos o no se los usa correctamente.

Crecimiento es simplemente crecer, desarrollo implica algo más, ya que mediante un coeficiente se mide la transformación. Lo verdaderamente interesante sigue siendo lo de progreso y evolución, ya que ambos representan cambios cualitativos. Progreso implica un aumento en el grado de satisfacción de las necesidades sociales, es decir la gente tiene mayor acceso a distintos bienes o servicios, en otras palabras, vive mejor, tiene más posibilidades y oportunidades a su alcance.

En lo que hace a la evolución, ella es más de tipo “macro”. Una sociedad evoluciona cuando ha logrado cambios reales en su estructura, no solamente en rótulos, amañados para el momento y con el ánimo de confundir o ilusionar. No, la evolución representa un auténtico salto cualitativo, la diferencia que hace la diferencia para una sociedad global.

Podemos tener crecimiento y no necesariamente habrá desarrollo ni progreso, ya que la simple expansión numérica del Producto Interno Bruto (PIB) no marca diferencias cualitativas ni supera otros índices necesarios para un auténtico cambio de cualidad en materia de beneficios tangibles para la comunidad. Es más, se puede crecer, desarrollar y progresar, pero sin tener un cambio de estructura, manteniendo las cosas iguales, en su mismo lugar y sin modificaciones de fondo. Este es otro fenómeno visible en muchas sociedades.

Lo ideal es lograr la conjunción de los cuatro valores: crecer para generar el desarrollo, al mismo tiempo que se progresa incrementando la satisfacción de múltiples necesidades sociales en provecho del pueblo y en paralelo, se logra el cambio estructural, el verdadero cambio cualitativo, no el cambio por repetir la palabra cambio o en otras palabras, lo que simplemente es palabrerío demagógico puro. Hay muchos ejemplos de tremendas exageraciones en torno a las “profundas modificaciones” (que no son tales), sobre todo en América Latina, tierra pródiga en materia de “pseudo novedades” mediante la utilización indiscriminada de alta pirotecnia verbal y el recurso de abundantes cambios formales estrambóticos, casi siempre éstos sin sustancia sólida que les brinde sostenibilidad a largo plazo.

Como acertadamente señaló Olivera: “Un país puede crecer sin desarrollarse, crecer y desarrollarse sin progresar; crecer, desarrollarse y progresar sin experimentar cambios de estructura, es decir evolución.”


Publicado en fecha: 23 de noviembre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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