EL CAMBIO MENTAL SÍ IMPORTA

Desde que leí hace muchos años el libro de Lawrence Harrison “El subdesarrollo está en la mente” (Ed. Limusa-1990, original en inglés, 1985) quedé impactado con sus claras ideas acerca de cómo el cambio -o no- de un estado mental genera a su vez cambios positivos que impulsan al desarrollo de un país o lo degradan si sucede lo contrario.

En varias ocasiones he mencionado los didácticos ejemplos de esa obra fundamental que sigue vigente. Hoy en día nuevos gurúes escriben sobre la importancia de las instituciones, el factor cultural como elemento básico para el desarrollo, contraste entre culturas según la latitud o clima predominante, etc., pero al final todos caen de una u otra manera en el viejo enfoque de Harrison. Son las actitudes mentales, el conjunto de ideas internalizadas que hacen a la cultura, al pensamiento generalizado de una comunidad, los elementos que hacen posible el avance de un pueblo o que éste se estanque y hasta retroceda. Es difícil modificar la forma colectiva de pensar pero no imposible.

Cuando el cambio se produjo mediante una ingeniería social positivamente inducida se generaron casos notables como el de Singapur en el Asia, hoy nación próspera y afirmativa. Donde no hubo cambios siguen las miserias, como –por citar dos ejemplos- en Haití y en el Yemen, sociedades desagregadas y fallidas. Igual sucede en varios lugares del África y de América Latina. China, en el marco de su rígida política comunista, también ha impulsado un cambio cultural que le está rindiendo pingües dividendos.

La otra gran nación emergente, India, está haciendo lo mismo en el marco de una democracia pluricultural. En el pasado la élite gobernante del Japón propicio cambios mentales en su población y así se transformó primero en potencia militar y luego de 1945 en potencia económica.

Hay otros casos, tales como el milagro alemán de la postguerra y el del actual Vietnam unificado, en franco ascenso luego de siglos de batallar contra invasiones extranjeras o abusivas colonizaciones. Mientras estas historias de éxito abundan, las historias de fracaso –lamentablemente- no son menos abundantes.

Es más, hay también historias de regresión, como es el caso argentino, país que ocupaba lugares privilegiados al comenzar el pasado Siglo XX y actualmente ha pasado a tener crisis cíclicas alimentadas por problemas político-sociales recurrentes que han retardado su desarrollo. Está visto que el cambio mental para transformar una cultura sí importa.

Esa metamorfosis resulta imprescindible para la superación colectiva e inclusive para la superación individual. En la medida en que el cambio se produce, automáticamente generará mecanismos positivos que alimentarán las pautas del crecimiento hacia un nivel evolutivo de mejor calidad y cantidad.


Publicado en fecha: 28 de diciembre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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