Acuerdo entre Sudán y Sudán del Sur

Parece que así como América Latina recupera hoy en día la llamada “década perdida” de los años 90 del siglo pasado, el continente africano –como bien lo señaló lúcidamente hace poco el periodista Harold Olmos- surge hoy como nueva fuerza emergente.

Ojalá así sea. Por sus recursos humanos y naturales, el África subsahariana merece algo mucho mejor tras siglos de esclavitud y colonialismo sumados a décadas de crueles dictaduras o contiendas fratricidas, algunas de las cuales aún ensombrecen parte del panorama de la región en áreas tales como Congo y Chad.

Uno de los lugares conflictivos sin duda fue el Sudán. Al margen del dramático caso -aún sin resolver- de la zona occidental de Darfur, la guerra entre sudaneses con sede en Jartum y sudaneses del sur con capital en Juba siguió pese a la separación formal del sur en 2011 luego de un referéndum abrumadoramente mayoritario a favor de su independencia. El petróleo y su distribución formaban la raíz básica del conflicto, el que prosiguió con su secuela sangrienta luego de la ruptura que creó al nuevo país.

Por suerte para el sufrido pueblo de Sudán del Sur, finalmente se han firmado poco tiempo atrás acuerdos que desmilitarizarán los límites fronterizos y harán posible el restablecimiento del transporte de petróleo desde el sur hacia el norte. Según se informó, Sudán y Sudán del Sur prometieron retirar sus respectivas tropas hacia el interior, a 10 kilómetros de cada frontera, eliminando así los choques militares que antes creaban fricción permanente. Los principales pozos de petróleo se encuentran en el flamante estado sureño pero los gasoductos, refinerías y mecanismos de distribución siguen controlados por el régimen islámico de Jartum.

El acuerdo firmado permitirá ahora una labor armónica para la explotación comercial común de los hidrocarburos, fuente elemental de ingresos para Sudán del Sur. En los años que vendrán la clase dirigente de Juba seguramente creará otros mecanismos de transporte para sus hidrocarburos, pero por ahora la realidad le impuso en forma perentoria un acuerdo con Sudán si es que quiere sobrevivir con viabilidad.

Además, debe considerarse que la geografía conspira contra la nueva nación, que surgió enclaustrada y sin salida al mar, algo que si tiene Jartum mediante su acceso directo por el noreste al Mar Rojo. Han quedado pendientes de arreglo otros temas importantes que deberán solucionarse próximamente, tales como la exacta delimitación fronteriza, tránsito de nacionales, etc.

Lo importante es que ahora la diplomacia se impuso sobre la violencia. Por tanto, cabe confiar en que pronto se logren entendimientos constructivos entre las partes. Desde los convenios de 2005 auspiciados por las Naciones Unidas y que desembocaron finalmente en la independencia de Sudán del Sur, han pasado siete años.

Resta saber aún cuánto más pasará hasta que se resuelva la totalidad de las cuestiones pendientes. El 70% de las reservas de hidrocarburos del ex Sudán integrado quedaron en el desprendido Sudán del Sur. Tal cosa ya fue -por sí misma- sobrado motivo de conflicto, primero durante la guerra de secesión y luego desde el inicio del flamante estado.

Lo positivo: varias organizaciones africanas han intervenido en el proceso de acercamiento entre los dos Sudanes y continuarán con esa sana política. Eso es loable, refleja un sano cambio de actitud institucional en el África luego de dolorosos años plagados de luchas internas. Es otra prueba más del resurgimiento africano del momento presente.


Publicado en fecha: 26 de octubre de 2012
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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