VIGENCIA DE LA PSICOLOGÍA EN LOS CONFLICTOS

En octubre de 2003 recordé la vigencia de la guerra psicológica en un artículo homónimo. Vale la pena reiterar ahora algunos conceptos acerca de algo tan antiguo como la humanidad: el trabajo habilidoso realizado en la mente colectiva o individual del adversario a fin de doblegarlo.

Sun Tzu –uno de los más grandes estrategas de todos los tiempos-   reconoció más de 2.500 años atrás que  el uso de la psicología era un factor multiplicador de fuerzas. El pensador chino escribió: "capturar al enemigo es mejor que destruirlo" y “la excelencia suprema de la guerra es ganarla sin combatir”. Allí está el meollo. Se trata de atemorizar al enemigo, de quebrarle la moral, de impedir cualquier tipo de movimiento de su parte. Y eso se logra mediante la manipulación de la mente.

Es el método de estrategia por aproximación indirecta más beneficioso para los propios objetivos y el de menor costo cuando se lo usa con inteligencia. Todo lo que hay que hacer es desmoralizar al contrario, quitarle la voluntad de luchar, hacer que se sienta vencido antes de ingresar al combate, sea éste bélico, de ideas o  simplemente deportivo. En el marco general de cualquier tipo de lucha prevalece –y prevalecerá siempre- un elemento fundamental como arma básica: la forma de penetrar en la mente del adversario y debilitarla; mejor aún,  ser capaz de derrotarlo e imponerle la voluntad propia sin necesidad de un enfrentamiento o minimizándolo.

La Enciclopedia Británica define a la guerra psicológica como "el uso de propaganda contra el enemigo con el apoyo y utilización de todos los medios necesarios y con la finalidad de desmoralizar al contrario o hacer que sus ideas o puntos de vista cambien". Mucho antes, Sun Tzu comprendió mejor que nadie en su época la necesidad de conquistar al enemigo sin pelear y si es posible, incluso reclutarlo o convencerlo, haciendo de él un aliado, absorbiéndolo en el seno del triunfador.

La guerra psicológica no es nada novedoso ni producto de la Segunda Guerra Mundial ni de los posteriores desarrollos tecnológicos en materia de medios de comunicación. La guerra psicológica existe desde los albores de la humanidad. La historia registra  documentadamente acciones psicológicas -antes y después- de líderes tales como Alejandro el Magno, Julio César, Aníbal, de las huestes a caballo de Gengis Khan, de Napoleón, etc. Las técnicas modernas del pasado Siglo XX y de este tercer milenio han sofisticado cada vez más la ancestral forma de enquistarse en la mente del enemigo y doblegar su ánimo o  hacerlo cambiar su opinión.

Con resultados diversos, este tipo de lucha sin armas prosigue su curso en todos los campos y áreas. Se observa la lucha psicológica en procesos de "marketing" para introducir un producto a costa de otro o para sacarlo de circulación. Es palpable la forma subliminal con la que se manejan ideas, filosofías y hasta cosmovisiones, siempre en procura de debilitar al enemigo para que su resistencia sea de menor intensidad o simplemente, para aniquilarlo sin combatir. Eliminar al enemigo sin matarlo y sin que luche, resulta expeditivo, barato y simple.

Pasemos a la política o a la guerra y vemos que el factor psicológico sigue vigente. Algunos prefieren hablar de “persuasión” o de “temores”. En realidad  siempre es el mismo tipo de estrategia para el conflicto, sólo que ejercida en niveles de penetración psicológica jamás imaginados en el pasado.


Publicado en fecha: 29 de julio de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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