EL VIEJO Y PRESENTE AUTORITARISMO

COMPETITIVO

En el conocido trabajo sobre el autoritarismo competitivo de Steven Levitsky y Lucan Way (The Rise of Competitive Authoritarianism”- Journal of Democracy, Vol. 13), se mencionan casos recientes de regímenes políticos híbridos, particularmente los de la década de los 90 del siglo pasado. Estos regímenes se conciben mediante una astuta combinación de elementos democráticos combinados con actos autoritarios de naturaleza modernizadora.

 Varios países se encuentran  o se han encontrado inmersos en esos casos de “autoritarismo competitivo”. El caso de Fujimori en Perú es uno de ellos. Anteriormente, podemos mencionar el primer y segundo gobierno de Juan Domingo Perón en la Argentina (1945-1955). Hoy vemos casos similares en Rusia, Ucrania, Bielorusia, Moldava, Asia Central, África,  parte de los Balcanes y de Europa Oriental. No se trata de  modelos de “transiciones” hacia la democracia sino de un nuevo tipo de regímenes que tienen elecciones periódicas y se cubren bajo el manto formal de la democracia pero en el fondo mantienen -o practican- pautas claramente autoritarias. La Venezuela de Hugo Chávez parece acercarse a la definición y lo propio podría suceder pronto en Bolivia, donde se estimulan el referéndum y las elecciones, pero casi siempre a los fines de reforzar o consolidar discutibles acciones previas. Tal ha sido el caso de la reforma constitucional y últimamente el de la elección de miembros del Poder Judicial. Lo político  o ilegal se “legaliza” y adquiere un  tinte “democrático” con la participación del pueblo en los actos electorales  planteados para cada ocasión.

Aunque al autoritarismo competitivo se lo ha presentado como algo relativamente novedoso, lo único de nuevo que tiene es el nombre y la definición concreta. Hemos visto que en el siglo pasado se han dado varios casos que encuadran en esta nueva denominación. Es más, se puede ir inclusive al Siglo XIX y allí también encontraremos gobiernos que hoy podríamos tipificar en la “nomenclatura” del autoritarismo competitivo. Nítidamente surge aquí como ejemplo la figura del llamado “Canciller de hierro” Otto Von Bismarck (1815-1898), Primer Ministro de Prusia durante casi cuarenta años con la dinastía de los Hohenzollern, que reinó hasta fines de la Primera Guerra Mundial en 1918. Bismarck llevó adelante las exitosas guerras contra Dinamarca, Austria y la poderosa Francia (1870) de Luis Felipe Bonaparte, sobrino de Napoleón y otro caso de autoritarismo competitivo de la época, aunque menos exitoso por la derrota ante los germanos y por la extinción del imperio francés luego de la proclamación del imperio alemán nada menos que en el Palacio Versalles en enero de 1871 luego de la derrota infligida por Bismark, artífice también  de la unificación alemana bajo la égida del Káiser (emperador).

Según Bismarck, las cuestiones de la época se solucionaban con sangre y con hierro. Autoritario y aristócrata, Bismarck mantuvo hábilmente una representación parlamentaria “popular” con ribetes pseudo democráticos a lo largo de su extenso mandato.  Bismarck ha sido el paradigma en el pasado de autoritarismos competitivos que hoy surgen o se consolidan. Finalmente, conviene tener presente que el autoritarismo competitivo puede ser sostenedor del status quo, progresista, reaccionario o una mezcla de esas características.

Conclusión: por debajo de las formas democráticas, debemos tener presente que hay un telón de fondo donde se agita la realidad política concreta, no siempre “sancta” ni basada en el respeto a las instituciones, aunque las formas aparenten lo contrario.


Publicado en fecha: 9 de diciembre de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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