¿Y CÓMO ANDA SUDÁN DEL SUR?

El pasado 9 de julio de 2011 y con el auspicio de la Organización de las  Naciones Unidas (ONU), nació como país soberano el Estado de Sudán del Sur. Tras largos años de guerra civil, luego de los pactos de 2005 y de un referéndum abrumadoramente mayoritario a favor de la secesión, surgió esta nueva nación ante la faz del mundo Con capital en Yuba, Sudán del Sur tiene casi 9 millones de habitantes a lo largo de 619.745 kilómetros cuadrados sin salida al mar, algo más que la mitad de Bolivia en términos territoriales y con similar población total.

Parte del antiguo Sudán anglo-egipcio, la región se diferenció siempre de la del norte (con capital en Jartum), ésta última  de fe musulmana, mientras los sudaneses australes son en su mayoría de religión  cristiana  y también animistas. Recordemos que el animismo radica  en la creencia de una fuerza vital existente  en todos los seres animados.
A Sudán del Norte le queda todavía la papa caliente de Darfur, cuyo futuro aún no puede preverse y donde se han producido intentos de genocidio por parte de los gobernantes sudaneses, similares en crueldad a los que en su momento provocaron –también desde Jartum- el  progresivo alejamiento de la ahora flamante nación sureña.

La separación de la parte austral ha privado  a los sudaneses  de más del 85% de su petróleo, el que ahora pertenece al nuevo país. Esa riqueza en materia de hidrocarburos será la base para el desarrollo de Sudán del Sur, ya que se trata de una tierra árida y con escasos recursos naturales. Desde antes de la independencia, diversas multinacionales petroleras estuvieron rondando Yuba para cerrar contratos de inversiones. Un grupo español construirá el nuevo aeropuerto de la flamante capital y así sucesivamente, irán surgiendo otras oportunidades para el estado que ha pasado a ocupar el puesto 193 en la ONU. Recordemos que Kosovo  -pese a su declaración de independencia- aún no goza del pleno reconocimiento de la comunidad internacional.

Lo interesante en el caso de Sudán del Sur fue su lucha permanente contra el centralismo absorbente y despótico del régimen de Jartum. En neta inferioridad de condiciones y con escaso material, durante años le hicieron frente al norte y pelearon con coraje hasta lograr, primero, la intervención de la sociedad mundial en el conflicto y luego,  en 2005, la firma de los acuerdos que derivaron finalmente en su independencia. Este ha sido un clásico ejemplo de la vigencia de los principios de auto determinación de los pueblos cuando éstos son justos y se lucha  con firmeza por ellos.

Es  difícil prever el futuro inmediato del novel país -ubicado en una de las zonas más convulsionadas del planeta- pero el hecho de haber leído poco o nada acerca de Sudán del Sur en la prensa durante estos últimos meses  tras su independencia, nos mueve al optimismo. No en vano sigue siendo válido el dicho “no hay noticias,  son buenas noticias”. Ojalá los sudaneses del sur sigan adelante bajo el impulso de su petróleo.

Hay  tremendos desafíos para su  actual liderazgo, tales como el de crear una democracia efectiva en el marco de condiciones de paz interna y con diversificación productiva que favorezca el  desarrollo socio-económico. Le deseo buena suerte a este pueblo valiente. Se la merece con creces.


Publicado en fecha: 18 de noviembre de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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