PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LAS GUERRAS

Desde los albores de su creación, el ser humano ha vivido en pugna constante mediante luchas individuales o sociales. Se peleaba usualmente en tiempos primitivos por aparearse con la hembra preferida, por comida y territorio. Con el tiempo se guerreó por otras causas  complejas de diversa naturaleza a medida que se creaban las nacionalidades y surgían imperios o estados. La pelea  entre personas  y grupos ha permanecido a lo largo de miles de años. Sigue hoy bajo nuevas y sofisticadas formas. Parece ser que el sistema límbico de los humanos los predispone -lamentablemente-  a la violencia contra sus semejantes. La historia universal en sí, más que la concatenación  escrita de diversas etapas de la civilización, puede también narrarse mediante una serie de sucesivos conflictos bélicos.

En función de esa penosa tendencia a la violencia, desde un principio la mente humana trabajó en la búsqueda de instrumentos de guerra que logren darle una ventaja decisiva sobre sus oponentes de turno. De los huesos, palos y lanzas, se pasó con el tiempo a la catapulta, arcos y flechas, caballos de guerra y armaduras, luego la pólvora, fúsiles, cañones, ametralladoras,  como también naves y aeroplanos de guerra, hasta llegar finalmente al desarrollo de armamentos cada vez más sofisticados, comenzando con armas químicas o bacteriológicas y  culminando con la energía nuclear, capaz ésta tanto de devastación física del espacio geográfico como de masivas muertes. Por sus terribles resultados, las bombas nucleares pasaron a ser más objetos disuasivos que elementos de uso común y su uso quedó reducido a un grupo minúsculo de potencias  militares. Esa práctica se mantiene hasta hoy.

En la era presente de comunicaciones instantáneas, una de las nuevas armas es la llamada “ciberguerra”, la posibilidad de trastocar las comunicaciones del enemigo mediante el uso malévolo de la red informática. La misma Internet, según afirman los expertos, fue pensada en un principio como medio alternativo para suplir los sistemas de comunicación de los Estados Unidos ante una emergencia en el  hipotético caso de una guerra atómica.

El desarrollo cibernético de las comunicaciones y de la computación ha permitido radicales avances en materia bélica, incluyendo cohetes teledirigidos, bombas “inteligentes” y toda una parafernalia de nuevos equipos para matar o disuadir. A ello agreguemos los llamados “drones”, aviones sin tripulantes capaces de escudriñar los cielos y de llevar bombas de largo alcance. Hasta se habla ahora de la posibilidad  futura de soldados robots de combate. Esa misma cibernética se presta en la actualidad a ser atacada por “hackers” (piratas informáticos) y virus diversos, que implantados en los sistemas de comunicación pueden crear situaciones terribles y tremendo caos.

Asimismo, se prestan a robos y fraudes de magnitud universal. Bancos, gobiernos, refinerías, controles aéreos, empresas, comercio e industrias, laboratorios, etcétera, pueden ser neutralizados o destruidos en poco tiempo, con el consiguiente riesgo mortal para miles de seres y la posibilidad  concreta de desastres financieros de gran capacidad de impacto sobre las economías rivales.

La ciberguerra promete aún desarrollos más espeluznantes, todos ellos en función del incesante progreso tecnológico. En su afán psicótico de destruir a sus semejantes, el hombre no parará. Eso se los aseguro.


Publicado en fecha: 4 de noviembre de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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