¿OCASO DE LA ENERGÍA NUCLEAR?

Desde que se descubrió la energía nuclear, la humanidad tuvo dos posturas diferentes con respecto a este fenómeno. Por un lado, la posibilidad concreta –probada con horror en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945- de  crear armas de aniquilación  masiva de tierra, gente  e infraestructura. No en vano, durante la “Guerra Fría”  del siglo pasado entre los Estados Unidos y la ya extinta  Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se habló de “destrucción mutua asegurada y del “equilibrio del terror”. La posesión de arsenales nucleares pasó a ser parte de una clase exclusiva de estados en el contexto internacional. Luego se aplicaron restricciones para evitar su proliferación, aunque no siempre con éxito.

Como contrapartida de la terrible amenaza de las armas nucleares, surgió el uso pacífico de esa energía derivada del átomo. Con tal motivo, proliferaron las centrales nucleares en diversos países del orbe. Hace unos meses –ya casi a destiempo- hasta el presidente Evo Morales anunció la posibilidad de contar con una central nuclear en Bolivia mediante ayuda externa. Dos llamados dramáticos de atención previa con respecto al uso de energía nuclear fueron el incidente ocurrido en “Three Mile Island”  (EE.UU.) y sobre todo el de 1985 en Chernobil (Ucrania), que tuvo consecuencias devastadoras. Tras la tragedia ucraniana se renovaron mecanismos de seguridad en las plantas nucleares, a fin de evitar nuevos derrames tóxicos. Antes y después hubieron problemas menores en varias regiones; todos se controlaron en discreto silencio El asunto quedó casi olvidado.

A todo esto, una fuerte maraña de intereses económicos se creó en torno a la energía nuclear.  Billones de dólares estaban en juego. Las plantas proliferaron como hongos. Luego vino el  reciente desastre de  Fukushima en Japón como consecuencia del terremoto ocurrido allí. Esto marcó un punto de inflexión que, al menos por ahora, señala el ocaso del uso pacífico de la energía atómica.

Alemania anunció hace poco que suprimirá todas sus centrales nucleares  en el corto plazo. En otros países se duda aún acerca de si se seguirá el drástico paso dado por Berlín, pero las controversias aumentan.  Una energía barata y relativamente limpia, como sin duda lo es la nuclear, tiene como contrapartida potenciales calamidades que la tornan contraproducente e inviable. Como dirían los economistas, la relación costo-beneficio ya no es positiva.

El caso japonés es particularmente dramático, ya que durante décadas el gobierno de Tokio -y los intereses creados en torno a la industria del sector- dedicaron ingentes recursos para persuadir a la gente de las bondades del uso de la energía nuclear. La nación japonesa, hasta ahora la primera y única que ha recibido un ataque atómico directo, terminó convencida de que sus sistemas eran a prueba de fallas. Tal cosa no sucedió. Ahora se pagan las consecuencias.

La carrera por tener centrales nucleares se ha frenado bruscamente y con el ejemplo alemán tenderá a disminuir o parará totalmente. Con el tiempo tal vez se encuentre una salida. Por ahora, está visto que riesgos superan por mucho a ventajas. La humanidad tendrá que seguir perfeccionando nuevas formas de energía limpia sin daños colaterales, sobre todo aquellas que nos ofrece la naturaleza a través de los vientos, el sol y el agua, máxime ante  crecientes problemas ambientales derivados del uso de combustibles fósiles, éstos además  ya en su etapa  final de agotamiento.


Publicado en fecha: 8 de julio de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

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