¿HABRÁ UNA NUEVA GUERRA FRÍA?

Se le atribuye a Bernard Baruch -asesor del entonces presidente Harry Truman- el haber acuñado la frase “Guerra Fría” allá por 1947, apenas dos años después del fin de la Segunda Guerra mundial, durante la cual los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) pelearon aliados contra Alemania en Europa.

No obstante, las rivalidades ideológicas y geopolíticas  entre ambos estados afloraron al poco tiempo de terminada la contienda. Como  ninguna de las dos potencias deseaba una guerra directa procuraron obtener ventajas por distintos medios, ya que el fantasma del holocausto nuclear mutuo era  inquietante. Moscú y Washington iniciaron así otro tipo de enfrentamiento sui generis en lugar de chocar frontalmente: se inició la “Guerra Fría”.
Esta guerra fría tuvo dos etapas, una virulenta, que alcanzó su cúspide en la crisis de los misiles rusos en Cuba de 1962. Luego vino un intervalo salpicado de conflictos localizados –Vietnam, Laos, Camboya, Angola- en el que las partes buscaron mecanismos de equilibrio de fuerzas, limitación de armamentos  y otros factores capaces de contener la rivalidad en ámbitos fuera de una conflagración abierta. 

Se habló entonces de la llamada “coexistencia pacífica”. En la última etapa de esta guerra sin disparos, la fuerte carrera armamentista iniciada por Ronald Reagan y su iniciativa estratégica –la llamada “guerra de las galaxias”- terminaron agotando al gigante comunista, el que además iba erosionándose internamente ante la acumulación de errores, rivalidades, fallas en la producción, descontento, etc.  El comunismo se derrumbó -sin que nadie lo toque- con el proceso abierto al caer el Muro de Berlín y luego colapsó toda la estructura política de la URSS en 1991. Al concluir la guerra fría, algunos hasta llegaron a comentar –caso Francis Fukuyama- que se había llegado al “fin de la historia”. No fue tal, el mundo siguió, la historia y los conflictos también.

Mientras  Rusia -la heredera política de la URSS- lamía sus heridas, comenzó a surgir otro legítimo aspirante a súper potencia: China, el milenario dragón del oriente. Tras años de humillación -acompañados de proverbial paciencia oriental- y superados sus procesos revolucionarios, China progresó en el marco de un autoritarismo con amplia capacidad de generar espacios para fomentar inversiones y generar exportaciones.  Desde el 2010 Beijing ya desplazó a Japón como la segunda potencia  económica y aunque mucho le falta en otros campos, el poder bruto global de la China sigue creciendo.

Ya muchos hablan de una potencial nueva “Guerra Fría” entre el coloso asiático y EE.UU. Esto se nota en algunos aspectos mientras en otros se lo disimula o ignora. China está comenzando a paladear los frutos de su poder, pero arrastra consigo la milenaria precaución que la caracteriza. En paralelo, Estados Unidos atraviesa una crisis de la cual recién comienza a recuperarse, aunque se habla ya de su “declive”. Creo que de darse tal declinación, ella será progresiva, tardará décadas. Al mismo tiempo, mucho le falta a China para igualar a  EE.UU. en niveles de ingreso por habitante y desarrollo humano en general. Sin embargo, las altas tasas de crecimiento chino prenden luces de alarma.

Mientras China siga surgiendo, los rumores de una nueva guerra fría persistirán. El que tiene poder desea demostrarlo,  China no es la excepción. El acostumbrado al poder -caso norteamericano- tampoco se resigna fácilmente a compartirlo o perderlo. Se tienen todos los ingredientes –incluidas ideologías opuestas- para una nueva guerra fría. El tiempo lo dirá. 


Publicado en fecha: 25 de febrero de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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