EL SIEMPRE VIGENTE PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

En reiteradas oportunidades he remarcado la necesidad de pensar –en lo institucional e individual- estratégicamente, es decir, con vuelo global y amplio, teniendo en cuenta al mismo tiempo las secuencias o pasos breves (tácticas) que configuran una estrategia, o sea, la planificación general tendente a lograr un objetivo final o, por lo menos, ser capaz de concretar exitosamente en el camino algunos objetivos intermedios previamente establecidos. 

Ninguna estrategia asegura en forma aritmética la victoria, siempre  habrán factores de naturaleza aleatoria no previsibles que pueden tirar abajo al mejor de los planes. Asimismo,  es de fundamental importancia tener presente que toda estrategia tiene por definición un contrincante, el que también -casi con seguridad- podrá tener su estrategia propia o no, todo depende de las circunstancias. Debemos intentar imaginar lo que hará nuestro oponente, tratar de anticipar sus movimientos y evitarlos o vencerlos, aunque se trate de nuestro propio enemigo interior.

Hoy en día el pensamiento estratégico es imprescindible en toda organización que se precie de tener miras de largo alcance. Es inclusive necesario contar con un pensamiento estratégico en todo lo que hace al propio esfuerzo permanente de superación personal.

Elecciones, campañas militares o políticas, comercialización y lanzamiento de productos industriales, presentación de nuevos servicios, lanzamiento de empresas a mercados competitivos, etc., son procesos en este tercer milenio imposibles de manejar correctamente sin una planificación adecuada que sopese todos los factores, evalúe correlación de fuerzas y optimice los recursos disponibles a la hora de tomar decisiones.
El factor riesgo estará presente en toda decisión. Por tal elemental motivo, antes de ejecutar “x” decisión  cabe ponderar con prudencia cada uno de los factores posibles de alterarla, como también es imprescindible desmenuzar concienzudamente –con el mismo sentido de prudencia- todas las consecuencias posibles que generará la decisión por tomarse.

Pese a innumerables análisis sobre las distintas características de la estrategia como también de sus modelos ideales, en la vida real las cosas no suceden siempre racionalmente. Los seres humanos nos jactamos justamente de dicha racionalidad -la que nos diferencia del resto del mundo animal-, pero es un hecho real e incontrastable que gran parte de lo que hacemos  o decidimos, muchas veces es fruto de conductas de tipo emocional  u hormonal. La suerte, esa vieja compañera  veleidosa brindada por la mítica Diosa Fortuna, a veces ayuda para que lo decidido irracionalmente tenga éxito, pero no siempre es así. Al final,  en muchos casos pagamos caro el actuar irreflexivamente sin planificación previa mediante el uso -realísticamente adecuado- del pensamiento estratégico.

El éxito o la victoria, reitero, no son matemáticamente seguros en ningún tipo de emprendimiento, pero ciertamente tendrá ventaja quien supo planificar con antelación su modelo estratégico. En suma,  el que pensó en grande y con sentido estratégico tendrá  en toda ocasión mejores posibilidades de lograr su cometido.  De ahí la perenne vigencia  del pensamiento estratégico a lo largo del tiempo.


Publicado en fecha: 18 de marzo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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