LAS LARGAS GARRAS DEL ÁGUILA

Pasado ya cierto tiempo del operativo que terminó con la vida del terrorista confeso y fundador del grupo Al-Qaeda, Osama Bin Laden (1957-2011), es interesante reflexionar sobre algunos aspectos del “poder duro” demostrado por EE.UU. en dicha operación mediante la cual se logró ubicar a Bin Laden  en una población cercana a la capital del Pakistán (Islamabad) para luego matarlo “por haberse resistido”, según el comunicado divulgado en su momento.

El grupo de fuerzas especiales de la Armada (“Navy Seals”) fue el responsable de la culminación de un  largo proceso que duró casi 10 años, prácticamente desde el mismo día de los terribles hechos del 11 de septiembre de 2001. La súper potencia buscó, buscó y buscó. Puso impresionantes recompensas a disposición de quien provea información y así sucesivamente, pasaron los años sin encontrar al escurridizo Bin Laden. Mientras, EE.UU. intervino en Irak y  en Afganistán, con los problemas sobre el tema que son de conocimiento público. Al final, la tenacidad de Washington se vio recompensada, el objetivo fue logrado: Bin Laden ha perecido y la “vendetta” ha sido consumada. El tiempo dirá si la muerte de Bin Laden frena o más bien desarrolla una nueva ola de terrorismo. Esperemos que esto último no ocurra.

La drástica lección del hecho comentado es que –contradiciendo a los agoreros de la declinación- el águila norteamericana sigue teniendo sus garras bien largas y su poderoso pico en forma. Está visto que puede alcanzar a sus enemigos en donde quiera éstos se encuentren. Por encima de comprensibles declaraciones acerca de “violaciones a la soberanía”, “asesinato premeditado” y muchas otras, la realidad  nos demostró que el poder duro de EE.UU. fue puesto en práctica con todo su vigor.  Es más, lo hecho con Bin Laden podría hacerse con cualquiera, con cualquier persona en el mundo  a la que por “x” razones Estados Unidos procura para vengarse de un acto anterior, para castigarlo, para asustarlo,  o  para lo que se le ocurra. En su complejidad, el operativo mostró algo muy simple: EE.UU. puede ir a cualquier parte, a cualquier  hora, en cualquier lugar del planeta y hacer allí lo que se le antoje. La  prueba de poder global y de poder duro es incontrastable.

El incidente favoreció al presidente Barack Obama, que ahora sube en la preferencia popular con buena chance de ser reelecto para un segundo período. Veremos y esperaremos.

            Aunque hay bases objetivas -como cuantitativas- para referirse a una decadencia norteamericana, es un hecho que la misma será  progresiva y  muy larga en el tiempo. La Unión Europea, Rusia y la ascendente China, no están actualmente en condiciones de acercarse al gigante norteamericano en términos de alcance global y de aplicación concreta del poder duro. La UE prácticamente desde la postguerra ha renunciado a usarlo. Rusia usa su poder duro sólo en el entorno  geográfico inmediato y China, más allá de sus intervenciones en Corea y en Vietnam del siglo pasado, tiene mucho por desarrollar aún en lo interno antes de tener un poder duro de similar calibre al ostentado hoy por EE.UU.

El águila  calva vuela  sin rival alguno por todo el mundo. Esa gran ave se posará -figurativamente- en donde quiera o en donde convenga a sus intereses; castigará  o eliminará a quien quiera cuando quiera. Guste o no, esa es la cruda realidad del realismo político en la vida internacional del presente.


Publicado en fecha: 27 de mayo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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