LA ORDALÍA DE SALIR DE BOLIVIA Y RETORNAR

Hubo una época en la que los bolivianos solamente podíamos viajar al exterior previo “permiso de viaje”. A esta  aberración se agregaba algo peor: para regresar a nuestro país era imperativo obtener visa consular de ingreso. Sin la tal visa, ninguna aerolínea embarcaba al que pretendía volver a su lugar de origen. Estas tribulaciones son ahora anecdóticas, pero  hoy una salida al exterior por vía aérea sigue plagada de burocracia y costos. Veamos, como ejemplo, el caso de Viru-Viru.

Primeramente hacemos cola en la compañía aérea que nos llevará al destino previsto. Mientras retienen nuestros documentos de identidad, nos instruyen que vayamos a pagar impuestos y tasas. ¿Por qué no combinan las líneas aéreas con las otras entidades un pago único que al final del día lo consolidan? O eso no pasa por sus cabezas para facilitar las cosas o seguramente hay problemas entre ellos; total, la gente aguanta. Vamos  entonces a otra cola para pagar el “impuesto de salidas al exterior”. Abonada esta gabela (creo que Bolivia debe ser uno de los pocos estados en el mundo que la cobra) hay que ir a una cola extra para pagar  25 dólares por la tasa de aeropuerto. El “chiste” de salir al exterior ya está costando arriba de 70 dólares  por cabeza y sigue la ordalía… Con tales impuestos pagos se retorna al mostrador de la aerolínea y el pasajero rescata sus documentos junto con su tarjeta de embarque. Van cuatro largas tramitaciones…

Para pasar a zona de embarque debe primero hacerse el escrutinio del pasajero y del equipaje de mano. Este es un trámite normal en todas las latitudes. Van ya 5 etapas. Luego viene Migración, donde  -previo llenado de un formulario- hay que hacer cola y presentarse. Esto también es normal en todo el mundo. Van 6 pasos. Culminado el trámite migratorio viene el séptimo paso: un funcionario pide los documentos de identidad y los fotocopia. ¿Para qué? No lo sé, pero sin eso uno no puede seguir adelante. Ya son 7 las tramitaciones.

Cumplidos esos 7 pasos viene el octavo: la revisión a cargo de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (FELCN). Debido al creciente narcotráfico, la tarea de la FELCN es comprensible, pero no entiendo por que esta unidad no controla directamente en el embarque y se tiene que volver a hacer otro escrutinio  al final del recorrido. ¡Pareciera que nada a favor del pasajero resulta posible! Con menos plata en el bolsillo, cansado y culminada la ordalía de los 8 pasos previos, ¡al fin! el viajero se encuentra listo para partir cuando sea llamado a bordo.

Al retornar hay que hacer el obligatorio trámite migratorio, que en el caso de los bolivianos, consiste en devolver la mitad del formulario de salida que quedó con ellos. Todo normal, salvo las colas por escasos funcionarios. Luego, en otro sector piden el documento para nuevamente fotocopiarlo. ¿Razones? No las conozco, pero sin eso no se accede al retiro de las valijas.  Allí viene la espera en la cinta de  equipaje, espera que cuando llegan dos aviones juntos se hace interminable por haber solamente una cinta, no dos, tres, o más, como debiera ser. Finalmente viene la cola en la Aduana, donde un “scanner” duerme el sueño de los justos, no sé si por desconocimiento de su manejo o porque se dañó y nadie se preocupa de repararlo. Resultado: la revisión del equipaje es a mano, engorrosa y lenta. Pasado ese último trámite, exhaustos, ya somos libres para salir del recinto. Hemos mejorado desde las épocas del permiso previo y la visa de ingreso, pero aún estamos lejos de muchos otros países, comenzando con los limítrofes. Para el boliviano, está visto que todo es cuesta arriba…


Publicado en fecha: 22 de julio de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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