HACIA UN NUEVO EQUILIBRIO GLOBAL

Las noticias desde el mundo industrializado siguen sumando factores negativos. Día tras día observamos el crecimiento de una gigantesca bola de nieve. El eje geopolítico y  la base geoeconómica del planeta giran hacia el este y hacia el sur. China y los emergentes son las estrellas de la hora. El proceso tomará tiempo, los países poderosos no se caen de un día para el otro. Por otro lado, frente a las tradicionales políticas de libre mercado, la intervención recurrente del estado ha pasado a ser moneda corriente, con éxitos pero también con fracasos. Falta todavía la confección de un “mix” entre libertad e intervención  que brinde recetas confiables.

La principal potencia, Estados Unidos, se encuentra jaqueada por muchos problemas pero su poderío en todos los órdenes es aún muy grande. EE.UU. tiene resto por delante frente a sus potenciales rivales del cercano futuro. China debe hacer grandes tareas en su ámbito interno para mejorar niveles de ingreso y de vida antes de pretender ser un serio contendor. Los otros emergentes de moda, en particular el resto de los llamados “Brics” (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) avanzan sí, pero también ostentan diferencias internas muy grandes que no les permiten acercarse al gigante norteamericano en el cercano porvenir. Pasarán muchas generaciones antes de que Estados Unidos sea colonia china, como dijo –seguramente en broma- el presidente boliviano Evo Morales.

Pese al empuje de su locomotora alemana, el punto más débil de los desarrollados se encuentra en Europa. Con poca capacidad de innovación, tímida, indecisa y conservadora en el espectro de sus actitudes, el mundo la está sobrepasando.  Poco aporta a la humanidad en la actualidad, justo al revés de lo sucedido en el pasado cuando el viejo continente era el centro del mundo. Ahora campea el desempleo, sobre todo entre la juventud. El panorama europeo,  en líneas generales, se presenta sombrío.

Estados Unidos tiene la ventaja de su gran capacidad de innovación tecnológica. Eso le permitirá resurgir pese a la crisis política del momento. En cambio, Europa sí está en un cono de sombra del que no se sabe cómo ni cuándo saldrá. Descontentos sociales y enfrentamientos étnicos con masas de migrantes de sus ex colonias son noticias de todos los días. Crecientes particularismos amenazan la unidad de varios países, entre ellos nada menos que el Reino Unido, España y Bélgica, por no citar otros.

Desde el punto de vista del poder duro, EE.UU.  también mantiene supremacía. Estados Unidos ostenta 900 bases esparcidas por el mundo.  Sus gastos en armas son los más cuantiosos, cualitativa y cuantitativamente. “En el sentido militar, hay una unipolaridad que no va a cambiar durante nuestras vidas", opinó  el analista argentino Carlos Escudé.
La consolidación de los países emergentes se da en el plano económico.

PricewaterhouseCoopers pronosticó que el PBI combinado de siete naciones emergentes (China, India, Brasil, Rusia, México, Indonesia y Turquía) superará en menos de 20 años al de Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá.

La crisis  económica y  socio-política del hemisferio norte deberá resolverse mediante cambios institucionales que reflejen el nuevo equilibrio de poder. Urge que la cacareada reforma de la Organización de las Naciones Unidas tome forma y contenido. Sólo así tendremos instituciones globales aptas para el Siglo XXI y no las vigentes  -ya caducas- creadas al fin de la Segunda Guerra mundial en 1945.


Publicado en fecha: 26 de agosto de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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