EL “PECADO” DE TENER GANANCIAS

El difunto y siempre recordado Papa Juan Pablo II en una oportunidad expresó: “Cuando una empresa da beneficios, significa que los factores productivos han sido utilizados correctamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente”. Por otro lado, el inglés Winston Churchill  (1874-1965) -recordado especialmente por haber sido Primer Ministro de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, solía decir: “el  que sea reprochable tener ganancias es un concepto socialista. Yo considero verdaderamente reprochable el tener pérdidas”. Y agregaba: “El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”.

Bajo condiciones normales y en una sociedad debidamente organizada, el ganar siempre es un hecho positivo. La ganancia –aparte de brindar una legítima utilidad a quien arriesgó su capital en “x” emprendimiento-  genera empleos,  paga mayores impuestos, acicatea los procesos de capitalización de las empresas y fomenta sus inversiones. Todo ello redunda en una ganancia macroeconómica que termina también beneficiando a toda la comunidad. Coartar ese proceso es como dispararse en el pie y hacerse daño uno mismo.
Por otro lado, mucho se habla de la “perversidad del mercado”, pero como bien dijo el ex Premier soviético Mikhail Gorbachov, “el mercado no es un invento del capitalismo.

Siempre ha existido. Es un invento de la civilización”. Desde las épocas mas remotas, a lo largo de las caravanas se fueron formando  incipientes mercados, que no eran otra cosa que puntos de encuentro entre quienes procuraban algo (demandantes) y quienes lo ofrecían (ofertantes).  Ese principio básico permanece vigente hasta hoy, con todas las sofisticaciones existentes en materia electrónica de comunicaciones. Los mercados abren y cierran, cotizan, compran y venden, eso le da dinámica al flujo económico. Algunas veces los mercados se distorsionan y entonces cabe regularlos, controlarlos, poner reglas del juego que eviten abusos, pero de ninguna manera el mercado como tal podrá ser jamás eliminado. Es más, si se quita libertad a los mercados, igual surgirá otro mercado, esta vez “negro”, negativo y con tendencias especulativas o en función del agio con beneficio para unos pocos, no para todos. Pero  aún en este caso anormal, el mercado existirá siempre.

Si las ganancias son buenas y apuntan al crecimiento global de la economía, cabe preguntarse por qué en algunos países  -como Bolivia y otros pocos- se las critica o coarta en lugar de estimularlas. De la misma forma, no se entiende la forma en que se vitupera al mercado al mismo tiempo que el estado interviene en él, siempre con consecuencias desastrosas. Regulación y control nadie los objeta. Es necesario que  un ente extra mercado limite excesos y frene lo que tenga que frenar. De ahí a otra cosa, por muy buena voluntad que se tenga, solamente se generará un efecto perverso, un efecto contrario al esperado. Ha sucedido mil veces o más, pero aún así se insiste  hoy en seguir con la cantaleta estatista de que “es malo ganar” y que los mercados “no funcionan debidamente”.

Al restringir ganancias o criticarlas como si fuera algo malo, se inhibe todo tipo de iniciativa y se provoca incertidumbre en los mercados. Quien gane, en lugar de sentir orgullo por ese logro se sentirá como si hubiera cometido un crimen. El actor en un mercado estará confuso o indeciso, provocando reacciones negativas. Ganar es bueno, sobre todo si la ganancia se distribuye mediante capitalizaciones, impuestos, reinversiones y creación de fuentes de trabajo.


Publicado en fecha: 4 de marzo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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