LOS SIEMPRE PRESENTES EFECTOS PERVERSOS

            El sociólogo francés Raymond Boudon racionalizó -allá por el año 1978- la teoría de los efectos perversos, sobre la cual realicé una síntesis en su oportunidad. Vemos hoy, en la segunda década del Siglo XXI, que el mundo sigue plagado de efectos perversos muy actuales.

            El  efecto perverso  se produce y es real, observable. Lo interesante es que no resulta ser fruto de las intenciones de los agentes que lo provocan. El efecto perverso es el resultado contrario al esperado. Tomemos un ejemplo muy simple, el embotellamiento. Si la circulación está bloqueada en una avenida, no es porque los automovilistas que allí se encuentren han elegido deliberadamente molestarse los unos a los otros. Simplemente buscan, todos, al mismo momento, emprender un mismo recorrido. En la base de la noción del efecto perverso, existe la ausencia de intención, un resultado independiente de la voluntad de los actores. La acción no intencional y conjunta de todos, sí crea el efecto perverso.

            El efecto perverso no se refiere a malignidad alguna por parte de los agentes, sino a la malignidad conjunta que crean todos al actuar sin intención de crearla. Muchas veces  la intervención de los gobiernos, aunque se la ejecute con buena voluntad, provoca un resultado inverso al que se había buscado (caso de los racionamientos, controles de precios y mercados negros subsiguientes), generando también claros efectos perversos, resultados contrarios a lo esperado.  Los vemos hoy en Bolivia casi a diario.

Los efectos perversos son tanto más complejos cuanto mayor es la interdependencia de los agentes sociales. Vivimos en sociedades que engendran y multiplican efectos perversos de todo tipo. Así, injusticias, desigualdades, conflictos, no son necesariamente el reflejo de fenómenos de dominación: son más bien, a menudo, el producto de esta interdependencia entre los agentes sociales. Resultan de la imposibilidad de encontrar una organización óptima de esta interdependencia. Cuánto más compleja la trama social, se produce una mayor multiplicación de efectos perversos.

            Usualmente se ubica  al efecto perverso en la cuenta de las "fuerzas ocultas",  fruto de una voluntad malhechora o maquiavélica. Un resultado que no es deseado por nadie da la sensación de haber sido querido en una intención precisa, cuando en realidad proviene aleatoriamente –y no intencionalmente- de la suma de decisiones individuales. Usualmente se explica lo que no es mediante la  fácil fórmula de la conspiración.

            La creciente contaminación, la deshumanización de las ciudades, problemas urbanos y ecológicos, etc., etcétera, en muchas ocasiones no derivan de la finalidad de las instituciones ni de la voluntad de grupos particulares. Son, simplemente, el efecto perverso de una suma de conductas no intencionadas.      

       He aquí una breve pincelada recordatoria del  añejo pensamiento de Boudon sobre la materia.  Nuestro país, Bolivia, ha sido y es un campo fértil para el análisis de múltiples efectos perversos. Dejo al lector la búsqueda de algunos. Con toda seguridad los encontrará.


Publicado en fecha: 11 de marzo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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