AUGE INTERAMERICANO  EN HIDROCARBUROS

Un viraje geopolítico notable asoma en el horizonte y sacudirá la economía del mundo en materia de energía. Por primera vez en mucho tiempo, las Américas pueden llegar a convertirse en un nuevo escenario hidrocarburífero global capaz de competir con los yacimientos tradicionales del Oriente Medio y con Rusia. Según el comentarista del New York Times Simón Romero, la exploración en las Américas -tanto de gas natural como de petróleo- está llegando a muy altos niveles y con capacidad de copar mercados tradicionalmente ocupados por proveedores  árabes o eurasiáticos.

El olor del oro negro desde Alaska y Canadá, pasando por Estados Unidos, México, Centro América, luego el sur hasta los últimos confines sudamericanos y abarcando inclusive las plataformas oceánicas, hoy altera la fisonomía tradicional del continente. En este contexto, dos gigantes petroleros han sido dejados de lado a los fines de la estadística. Ellos son Venezuela y México, ambos con problemas  políticos derivados de factores nacionalistas. Si se liberara la inversión  foránea en esas dos grandes áreas  fuertemente estatistas mediante nuevas reglas del juego, el auge interamericano sería aún mayor. Aseveran los expertos que se dispondría de reservas muy superiores a las de Arabia Saudita solamente en Venezuela. Si añadimos el total de reservas continentales, la cifra final puede llegar a ser enorme.

Las dos más grandes economías del continente -Brasil y EE.UU.- prosiguen su faz expansiva en materia energética al ritmo de nuevas tecnologías que abaratan los altos costos de la prospección petrolera. Se calcula que Brasil podrá disponer de por lo menos cinco millones de barriles diarios en 2020, fecha relativamente cercana. No en vano un submarino nuclear brasileño  pronto patrullará las costas del país vecino  con el abierto propósito de proteger sus  amplias explotaciones submarinas.

            Agréguese a estos datos sobre combustibles tradicionales de origen fósil, el posible crecimiento de energías alternativas sobre la base de productos que también abundan en las Américas, como ser maíz, soya y caña de azúcar, por citar  tan sólo tres recursos renovables de origen vegetal. Súmese el llamado “shale gas” -extraído de  rocas  con sedimentos- y el panorama se torna aún más positivo.

En medio de este franco auge continental de biocombustibles e hidrocarburos sobresale negativamente lo esmirriado –pese a su potencial- de la producción boliviana, atascada desde hace años por temas de naturaleza ideológica y falta de estabilidad jurídica. Mucho se habla, poco se muestra y potenciales mercados apenas pueden cubrirse, con el riesgo inminente de perderlos al mismo tiempo que tampoco se ganan mercados nuevos. 

Esto es preocupante, no soy experto en el tema, pero la realidad es la realidad. Mientras el continente atraviesa una faz expansiva, he aquí que en Bolivia tenemos  ahora limitaciones energéticas de toda laya, comenzando con problemas internos de falta de electricidad en muchos distritos urbanos e industriales ¿Será la coyuntura intercontinental que comentamos otra oportunidad perdida para Bolivia? Ojalá que no. Este es un raudo tren que corre desde el Estrecho de Bering hasta el Cabo de Hornos que pronto pasará por acá, se irá y jamás volverá. No hay que perder la cita. Esperemos bien preparados su  figurativa  llegada a los andenes energéticos de nuestro país. Ojalá las autoridades bolivianas del ramo hagan lo suyo.


Publicado en fecha: 30 de septiembre de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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