ATHOS, EL GRAN Y NOBLE CAPITÁN

En estas épocas de crisis es reconfortante, por lo menos para paliar los malos momentos, escribir acerca de algo que sale de lo común y viene del corazón. Me referiré a un sonado caso que ocupó un buen espacio de la atención italiana entre los días 14 y 16 de diciembre del recientemente terminado año 2010.

La nave carguera con bandera de Italia “Jolly Amaranto”, transportadora de contenedores, tuvo un percance cerca de  las costas de Alejandría (Egipto) la noche del 14 de diciembre como fruto de un tremendo temporal. Por suerte para los marineros, una barcaza remolcadora pudo acercarse al barco antes de que se hundiera, logrando rescatar a los 21 tripulantes y a su perro mascota, Athos,  quien había pasado la mayor parte de su vida dentro del buque.

Athos era de la añeja raza “Cane Corso”, también conocida como mastín italiano. Estos animales son famosos por su fidelidad  y apego hacia el hogar en donde viven. Su origen se remonta a las épocas del Imperio Romano. La palabra “corso” no deriva de la isla de Córcega –como podría entenderse en primera instancia- sino que proviene del latín “cohors”, guardia mayor del cuerpo  de cohortes, los protectores de  la antigua Roma. Y efectivamente, este perro es famoso por su enorme capacidad de protección del espacio que lo cobija.

Para sorpresa de los tripulantes -que una vez rescatados agradecían a Dios el haber podido salvarse- he aquí que Athos los mira fijamente como despidiéndose de todos ellos y abruptamente salta del remolcador hacia las aguas turbulentas del Mediterráneo para ir al encuentro del barco, para proteger “su” barco, “su” casa, que se hundía inexorablemente. El remolino de la hélice y el naufragio final se tragaron al noble Athos para siempre.

Como los legendarios capitanes del pasado, Athos decidió morir a bordo. Pese a haber sido ya salvado,   prefirió volver, eligió quedarse en el lugar al que pertenecía –y protegía- hasta el inexorable final. La triste escena fue motivo de enormes lamentaciones por parte de la tripulación, muy afecta a Athos.  Inclusive uno de los tripulantes intrépidamente saltó a las traicioneras aguas en un vano intento de salvar al perro. Fue imposible, Athos se negó a toda ayuda y nadó firmemente hacia el barco en medio de la terrible tempestad hasta ahogarse al hundirse con la nave.

Este dramático evento conmovió a millones en Italia. Es más, se ha anunciado por parte de la empresa naviera que el  próximo sustituto del carguero llevará el nombre de Athos, como tributo al noble protector canino que decidió quedarse -en lo que era su hogar- para morir ahí como un bravo capitán.

El que desee ver algunas tomas de Athos aún con vida y un breve “racconto” de lo sucintamente narrado en esta nota, puede ingresar a http://www.ansa.it/web/notizie/photostory/primopiano/2010/12/14/visualizza_new.html_1669884015.html#content-corpo

Es difícil encontrar en la vida real de los humanos ejemplos de nobleza tan enaltecedores  como este que nos ha brindado el perro Athos. Con el nombre de uno de los Tres Mosqueteros de la  conocida novela de Alejandro Dumas (Los otros dos eran Portos y Aramis, al que hay que sumar D´Artagnan),  el  gran Athos demostró el coraje de su estirpe. Ratificó -con la propia inmolación- su innata capacidad protectora en un episodio que rara vez ocurre, como sucedió con el naufragio imprevisible del Jolly Amaranto en medio de la tormenta.

Descansa en paz, Athos del mar. Tu valeroso acto  -pese a la tristeza que ocasionó- será siempre recordado como ejemplo del máximo sacrificio  que hiciste en aras de cuidar lo que considerabas era tuyo.  Muy pocos hombres hicieron, hacen o harán lo mismo, en iguales circunstancias.


Publicado en fecha:
7 de enero de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

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