ASOMA CON FUERZA LA ALIANZA DEL PACÍFICO

Poco espacio en la  prensa local ha tenido un  reciente encuentro que bien podría revolucionar a corto plazo las tradicionales relaciones de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), del Mercado Común del Sur (Mercosur) y de la propia Unión de  Naciones Sudamericanas (Unasur) tanto en lo interno de cada una  de estas agrupaciones como entre ellas.  Se trata de la  puesta en marcha de la Alianza del Pacífico (AP), integrada por Chile, Colombia, México y Perú.

El acuerdo se firmó a fines del pasado mes de abril con la presencia de los jefes de estado y busca una integración profunda. Al respecto, el canciller peruano García Belaúnde dijo que “la AP sí puede constituirse en la vanguardia del Arco del Pacífico, ya que podemos ser considerados una alternativa más ambiciosa que la Comunidad Andina”. Agregó que los países integrantes de este bloque "tienen claros sus criterios sobre desarrollo, comercio y la necesidad de avanzar en la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas".

La CAN -pese a sus ya largos casi 42 años de vida- prosigue con su lenta agonía y no ha dejado de ser solamente una  mera zona de libre comercio, quizá nunca superando esto, como también sentenció el propio canciller del Perú. El Mercosur –que acaba de cumplir 20 años de funcionamiento- atraviesa serios problemas por las recurrentes rivalidades comerciales entre Brasil y Argentina, al mismo tiempo que los socios menores –Paraguay y Uruguay- son tratados displicentemente  por los dos mayores y sin haber recibido aún beneficios tangibles de su participación. Como “simbiosis política” de la CAN y del Mercosur surgió Unasur, hasta hoy sin organización ni fines claros, más allá de sus tintes populistas. Frente a estos pocos avances concretos surge ahora con fuerza la Alianza del Pacífico,  que sí promete mayores inserciones en su horizonte inmediato como también se esmerará en procurar una estrategia común hacia el acceso de mercados internacionales.

No se trata de “pactos neoliberales para frenar a la “izquierda” como se ha estado expresando en algunos círculos. Se trata más bien de vínculos pragmáticos en función de las inequívocas y reales verdades de la globalización del mundo presente. Se intenta trabajar sobre la base de resultados, no de ideologías ni de visiones pseudo filosóficas. Esta es la única manera de progresar, ya que si uno no se sube al carro del avance incontenible, nadie lo subirá y el rezago  con el tiempo podrá ser irreversible. Para Felipe Calderón, presidente mexicano, la AP superará a corto plazo a los otros esquemas de la región. Añadió: “nosotros somos demócratas, porque creemos en la libertad política de las personas, enfatizamos el mercado porque creemos en la libertad económica”.

            Con la AP nos encontramos ante un ambicioso proyecto de integración latinoamericana con un mercado propio de 220 millones de  habitantes y un comercio globalizado de  casi 900 mil millones de dólares.  Además, la proyección hacia el Asia de esta nueva alianza la ubica favorablemente cerca del epicentro del nuevo centro de gravedad mundial que se construye alrededor de la ascendente China. Todo esto brinda a la AP  interesantes perspectivas geopolíticas y geoeconómicas para el futuro. La próxima Cumbre de la Alianza será a fines del 2011. Bolivia debería comenzar a mirar con atención este proceso, del que bien podría ser parte por sus legítimos intereses históricos en el Pacífico del lado chileno y por su zona franca en el puerto peruano de Ilo.


Publicado en fecha: 20 de mayo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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