EL ALIMENTO COMO FUENTE DE PODER

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), existen aproximadamente  mil millones de seres con hambre. La séptima parte de la población mundial actual soporta hambrunas o problemas de desnutrición.

A lo largo de los tiempos el alimento ha sido usado como fuente de poder. Quien tiene el control de la alimentación domina al resto. Es por eso que resulta tan vital el ser capaz de producir alimentos en abundancia, Los excedentes o se almacenan o se exportan, pero mientras un pueblo se auto abastezca de comida y coma bien, ese pueblo nunca será débil y nunca tendrá niños condenados al raquitismo o al retardo mental por falta de nutrientes adecuados.

En Bolivia este paradigma hoy no se lo entiende adecuadamente y si bien se ha venido manipulando demagógicamente el tema de la seguridad alimentaria, al mismo tiempo se hizo toda clase de intentos para romperle la columna vertebral al sector agropecuario cruceño, gran fuente nacional productora de alimentos. Diversos tipos de acciones oficialistas se generaron contra el agro, desde tomas y reversión de tierras hasta prohibiciones diversas y falta de acceso al crédito. Ahora que el mundo despierta ante una nueva geopolítica del hambre, la administración se pone nerviosa e intenta articular diversas formulaciones, las que  lamentablemente estarán condenadas al fracaso, tal como sucedió con las reformas de Stalin  en la década de los 30 del siglo pasado. La represión de los “kulacs” (agricultores) sumada a la colectivización de la agricultura solamente trajeron hambrunas y la muerte de millones en la entonces Unión Soviética, posteriormente extinguida en 1991 por la falla colosal del malhadado experimento comunista.

El alimento es poder, así de simple. Fue en el pasado, lo es hoy, lo será siempre. Aquellos estados capaces de producir alimentos en abundancia tienen tanto o más poder intrínseco que los detentadores de arsenales nucleares o armas sofisticadas.
De 2009 a 2011 el precio de los alimentos se ha disparado en promedio por encima del 35%. Esto está trayendo expectativas inflacionarias y debería provocar una revisión de los métodos actuales para cuantificar el índice de precios al consumidor (IPC), que incluye  en su canasta varios ítems “no comibles”. De esa  manera,  el IPC suaviza el nivel del movimiento ascendente de los precios de los productos básicos sin reflejar verazmente la inflación alimentaria.

Por una elemental ley del mercado, a mayor oferta bajará el precio. Por tanto, el mundo debe producir más y más alimentos para superar los problemas del presente. No en vano diversas naciones generan programas especiales de estímulo a  sus productores agropecuarios. Mientras esto sucede en otras partes, en Bolivia continua la demagogia y el frenesí de creación de nuevas e ineficaces empresas estatales, al mismo tiempo que disminuye la cantidad neta producida de alimentos. Sumemos a ello la desnutrición infantil de casi un tercio de nuestros niños. Eso implica, con mucha tristeza y crudo realismo, que el 33% de los bolivianos del futuro estará con discapacidades físicas o mentales por no haberse alimentado bien durante su infancia.

El alimento es poder, pero hay que usarlo -como dice el politólogo Joseph Nye- como “smart power”, como poder inteligente. En Bolivia hoy por hoy vemos el lado opuesto: el poder tonto, o sea,  el  superficial poder de  rimbombantes palabras  sobre la alimentación y la nutrición pero sin fondo ni contenido, uno de los  preocupantes e inconfundibles  sellos del Gobierno en esta álgida cuestión.


Publicado en fecha: 13 de mayo de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira